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¿Quién eres en realidad?

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En estos días un lector me escribió diciéndome: “Te conocemos por tus escritos. ¿Quién eres en realidad?”

Hay una canción que se titula: “Soy lo que soy”. Una respuesta interesante, pero no es la mía. Yo, en realidad, todavía me hago esa pregunta: «¿Quién soy? ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Qué quiere Dios de mí?»

Vivo en una búsqueda constante.

Me hizo recordar aquella inquietud de san Francisco de Asís, recogida en las Florecillas cuando le pedía a Dios:

 “¿Quién eres tú, dulcísimo Señor y Dios mío? Y ¿quién soy yo, vilísimo gusano e inútil siervo tuyo? ¡Señor mío amadísimo, cuánto quisiera amarte! ¡Señor mío y Dios mío, te entrego mi corazón y mi cuerpo; pero con cuánta alegría quisiera hacer más por tu amor si supiera cómo!”

He visto a Dios en su creación, he conocido su dolor por mis pecados. Le he descubierto en los pobres, Lo sé todo ternura, esperando en los sagrarios, oculto a la vista y los sentidos, pero con tanta luminosidad y santidad, que es imposible no verlo y amarlo.

Cuando me hacen esta pregunta invariablemente termino hablando de Dios, ya que sin Él y Su presencia sería nada, menos que nada. Sólo Él le da sentido a mi vida y lo que hago. Y a pesar de mis inconsistencias y mis dudas, nunca se cansa, no deja de buscarme como un padre amoroso. Siempre me perdona. Siempre está allí, disponible para mí. Y eso es maravilloso.

Nací en Colón, una de las 10 provincias de Panamá. Una ciudad costera, llena de historia. De la cual han surgido grandes pensadores y escritores. Siempre me he sentido colonense. Y añoro ir y recorrer sus calles. Sobre todo ir a la capilla de mi infancia, en el Colegio Paulino de San José, donde pasé tantas horas acompañando al buen Jesús.

Mi papá era judío y mi madre católica. Mi abuelo Abraham me llevaba a la sinagoga de Colón, hasta que un día el Rabino le pidió que no me llevara más. Y continué mi camino como católico. Aun así me siento muy orgulloso de mis raíces hebreas y de haber convivido en las dos culturas.

Puede decirse que soy católico por convicción, pero más al ser testigo de grandes milagros, los he visto en los sagrarios. Personas que de un día a otro se convierten, abandonan los malos caminos y se vuelven a Dios. Allí está Jesús. No tengo la más mínima duda. Y me encanta saber que es mi amigo, mi mejor amigo.

Ahora bien, respondamos tu pregunta. ¿Quién soy en realidad?  Nadie de importancia. Un simple escritor que busca a Dios. Y les comparte sus experiencias.

¿Alguna vez te has encontrado en un grupo de personas en una fiesta, llega alguien nuevo al grupo y lo presentan diciendo: “Es amigo de fulano de tal?”

Bueno, al morir, cuando me encuentre ante los portones del cielo, a pesar de la cantidad de pecados que he cometido, me gustaría que se asome Jesús y les diga a todos: “Déjenlo pasar. Es mi amigo”.

 

 

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La foto es de la Catedral de la Inmaculada Concepción en mi bella provincia, Colón.

Querido lector puedes escuchar y compartir este audio blog, con la reflexión grabada  por nuestro autor.

Te invitamos a conocer la interesante página del autor   CLAUDIO DE CASTRO donde podrás conocer sus libros de espiritualidad.

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