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«Quédate conmigo Señor», es una súplica que a diario le hago. (Testimonios bellísimos)

© Chema Cancellón
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Esta mañana desperté con la oración del Padre Pío en los labios:

 “Quédate, Señor, conmigo, porque es necesaria tu presencia para no olvidarte. Sabes cuán fácilmente te abandono.

Quédate, Señor, conmigo, pues soy débil y necesito tu fuerza para no caer muchas veces…”

Suelo rezarla en diferentes momentos del día, para estar en su presencia amorosa y que sepa que le quiero y que sin Él no puedo vivir.

A diario reflexiono en mi vida, pensando en la Eternidad que a todos nos espera y comprendo cuánta falta me hace la caridad.

Una vez leí un pensamiento de la Madre Teresa de Calcuta:

Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla”.

Me cuido mucho de juzgar. Pero no siempre lo consigo. Por eso acudo tanto al sagrario, para estar con Jesús y pedirle que me ayude a ser una mejor persona.

Las gracias que Él nos da, bastan para fortalecer nuestras almas y nos ayudan a luchar con coraje contra la injusticia, vencer las tentaciones y amar a todos, incluso a los que nos hacen daño.

“Quédate, Señor, conmigo”, le repito a lo largo del día.

Y después de comulgar en Misa nuevamente le imploro:
Q
uédate, Señor, conmigo”.

Sueño con salir un día a la calle y mostrar caridad a todos.

«Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.» (Corintios 1, 13)

Que sea un día que agrade a Dios, que se sienta contento. Elevo mis oraciones al cielo para decirle que le quiero y estoy agradecido por el don de la vida.

Tengo muy presente el salmo 53:

«Se asoma Dios desde el cielo, mira a los hijos de Adán, para ver si hay alguno que valga, alguien que busque a Dios.» 

A los pies del sagrario le he pedido a Jesús la gracia de la caridad. Tanta falta me hace.

«No actúa con bajeza ni busca su propio interés,
no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto,
sino que se goza en la verdad.
Perdura a pesar de todo,
lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.»
 (1 Cor 13)

Hoy iré a verlo en el sagrario y le hablaré de ti.

Amemos a todos. Perdonemos todo.

 ……………..

 

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