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San Sabas de Capadocia

Qué solo te has quedado Señor, en los sagrarios clausurados.

Claudio de Castro - publicado el 25/10/20

¡Hoy por fin, a misa el domingo! Vida, mi esposa, estuvo pendiente del horario y con tiempo me urgió a prepararnos. Hemos vuelto a misa con hambre y sed de Dios.

Es la primera vez en siete meses que podemos honrar al Señor presencialmente un domingo, estar presentes en la santa Misa dominical,  agradecer tantos dones. Es el momento de da gracias a Dios por el Don sagrado de la vida, la familia, la salud, la fe. Me sentía como un explorador haciendo un gran descubrimiento.

Pasamos tantos domingos encerrados, en cuarentena, obligados a ver la misa por televisión o Internet, hambrientos de Dios, sedientos del agua viva, que es Jesús. Y ahora, ¡Por fin! Estaba allí, ante Él.

Recuerdo mi impresión cuando leí la carta apostólica “Dies Domini” de san Juan Pablo II.El día de la esperanza cristiana. “Para el domingo, pues, resulta adecuada la exclamación del Salmista: “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

Hoy la tuve presente. Fue un día de gozo.

Las medidas de seguridad y sanidad eran fuertes. Bancas separadas con cintas amarillas de precaución. Puestos marcados para cada fiel. Te toman la temperatura con un aparato en la entrada y te echan gel alcoholado en ambas manos.

Vi el oratorio donde se encuentra el Sagrario. Estaba clausurado, cerrado con una cinta amarilla de «precaución». La puerta era de vidrio, transparente.

Sentí su llamado y me acerqué a saludar a Jesús, que se encontraba tan solo que aquel Sagrario de esta iglesia. Mi Jesús Sacramentado, prisionero de amor. Escondido a la vista de la humanidad.

“¡Cómo no saludarte Jesús, aunque sea por fuera! ¡Necesitaba verte, estar contigo!”

Regresé a mi banca y empezó la eucaristía.

Amable lector, por lo que vi, supongo que en algunas iglesias los Sagrarios en sus capillas no están aún accesibles para ser visitados. ¿Es así en tu país?

Si puedes y tienes la maravillosa oportunidad pasa un instante, aunque sea por fuera y dile a Jesús que le quieres. Regálale un: «Te amo Jesús».

Y si no puedes levantarte de la banca que te asignaron en la iglesia, por algún motivo, te queda otra opción, envía a tu Ángel custodio. «Anda ve y visita a Jesús y dile que estoy afuera, que le quiero».

Queridos sacerdotes, párrocos, queremos tener la posibilidad de acompañar a Jesús en el sagrario, estar con Él. ¿Qué podemos hacer?

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