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«¿Qué quieres de mí Señor?», pregunté ante el sagrario. Su respuesta cambió mi vida.

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Un día me atreví a preguntarle a Jesús ante el sagrario: “¿Qué quieres de mí Señor?”.  Esa inocente y simple pregunta hizo que todo se trastocara en mi vida y cambiara la forma como hacía las cosas.

Mi perspectiva del mundo fue diferente. Vi todo a mi alrededor con un amor que desconocía. Y decidí hacer lo que se me pedía, a pesar de mi incredulidad y pobre fe.

Han transcurrido 28 años desde aquella mañana, pero la recuerdo con claridad como si ocurriese en este instante.

Estaba de rodillas, rezando, ofreciéndole mi vida. Lo miraba de cuando en cuando y le preguntaba: “¿estás allí?” Y le sonreía. Recordé lo que había leído de la sierva de Dios, Sor María Romero cuando era novicia.

“Un día la maestra les dice a las novicias “Id a hacer una visita a Jesús Sacramentado. Igual que Jesús preguntó a sus apóstoles: “Vosotros, ¿Quién decís que soy yo?”, preguntadle vosotras también: “Señor, ¿Quién soy yo? Veamos que os responde». María va a la capilla, se acerca al sagrario y pregunta “Señor, quién ¿soy yo?» Y oye una voz clara que le responde: “Eres la predilecta de mi madre y la benjamina de mi padre”.

Yo también quería tener una experiencia como esa y me aventuré a preguntarle: “¿Qué quieres de mí, Señor?”.

Nunca imaginé lo que ocurriría después. Y aquí estoy muchos años después, recordando, dando una mirada al pasado, tratando de comprender lo que ocurrió aquella mañana luminosa.

Una voz surgió de aquél sagrario y me llegó al alma y de alguna forma no audible y que aun no comprendo, lo escuché: “Escribe. Deben saber que los amo”.

Esto sobrepasó mi entendimiento y me quedé inmóvil, de rodillas, sin saber qué hacer o pensar. Volví a preguntar y la respuesta invariable llegó igual.

Allí, ante Jesús Sacramentado sentí cómo, algunas lágrimas de emoción y alegría, corrían por mis mejillas.

Espera, debo hacer un alto para decirle:

“Te quiero Jesús. ¿Qué has hecho? ¿Tienes idea? Le has dado un sentido a mi vida que no esperaba. Me brindaste un nuevo motivo para amarte más y decirte cada día que te quiero”.

¿Qué pasó después? Me senté a escribir y comencé a publicar libros de crecimiento espiritual, en los que compartía lo que estaba viviendo y las aventuras que otros me compartían. Los libros están en 15 países, traducidos a 4 idiomas, todo por gracia de Dios. 

Y aquí estoy, muchos años después, contándote mis aventuras con el mejor de los amigos, el buen Jesús en el sagrario, pidiéndole que te bendiga.

¡Qué gran amigo eres Jesús!

 

……..

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Te comparto una simpática entrevista con el Padre Teófilo Rodríguez en su Programa de TV Kerigma de Amor

 

https://www.youtube.com/watch?v=_Ymu6SxWYd8

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