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Disfrutando la VIDA EN FAMILIA

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La vida nunca termina siendo como la imaginaste. Planificas tu futuro… “Cuando me jubile haré esto y esto”, te dices. Y olvidas el presente, lo más preciado que tienes.

A  menudo recuerdo a mi papá.  Era una gran persona.  Y se desvivía trabajando hasta tarde.  Para verlo, a menudo tenía que ir a su oficina de noche.  Sabía que lo hacía por nosotros y nunca le dije nada porque respetaba y admiraba su decisión, desgastarse por los que amaba más.

Su presencia no siempre fue la mejor. Y me prometí que cuando creciera y me tocara trabajar, dedicaría tiempo a leer, vivir, compartir en familia y trabajar lo necesario, sin pasar la línea que él cruzó.

Cuando empecé a trabajar, tenía la influencia de mi papá y me quedaba tarde. De joven tienes las fuerzas y la energía y la voluntad para realizar muchas actividades a la vez.  Entonces recordé aquella promesa  y me dije: “Prefiero ganar un poquito menos y vivir un poquito más”.

Desde ese día he tratado de vivir a plenitud y sacarle  algo más a la vida.

Me casé hace 31 años.

Me tocó el turno a mí de ser papá, hacer lo que hacía mi padre.  ¿Qué decidí? Compartiría con mi familia todo lo que pudiera.

Con mi esposa Vida tuvimos 4 hijos: Claudio Guillermo, Ana Belén, José Miguel y Luis Felipe.  Creo que ella ha sido muy paciente conmigo.  Tiene un esposo sumamente distraído, que a  menudo vive en otros planetas y se equivoca con frecuencia.

Cuando los hijos crecen te das cuenta que no son totalmente tuyos. Dios te los ha prestado porque vio en ti algo bueno. Tu deber es ayudarlos a encontrar sus caminos. El resto le toca a Dios.

En un voto de confianza se los entrego cuando salen de casa. Sé que Él será para ellos un mejor padre que yo.

Mi esposa Vida prepara el mejor café del mundo. Tiene tres ingredientes además del café: un enorme cariño, un amor verdadero, renovado, y el deseo de hacerme feliz.

Hace unos momentos desayunamos juntos.  Conversamos de los eventos del día, de los hijos que han crecido. Como de costumbre, Dios ha estado en medio. Sin su presencia, nuestras vidas carecerían de sentido.

La certeza de Dios, lo cambia todo.

Él le da a nuestras vidas el amor que nos falta. En realidad, provee todo lo que necesitamos para ser felices.

No merecemos su amor, pero te ama tanto que no puede evitarlo.

Hay algo que debes saber:

“Si me abandonaran mi padre y mi madre, me acogería el Señor” (salmo 27, 10).

DIOS TE AMA.

Y NUNCA TE ABANDONARÁ.

 

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