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¿Qué ocurre cuando el pecado no te deja mirar a Jesús? (Un testimonio de Fe)

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En el año de 1800 Herman Melville dijo:

“Los ojos son la pasarela al alma”.   

Cierto día madrugué para realizar un viaje a una provincia de Panamá, a pocos kilómetros de la frontera con Costa Rica. En el camino me detenía cada vez que podía para visitar a Jesús en diferentes sagrarios. Me encantaba hacer un alto en los poblados y acompañarlo unos minutos para decirle que le quiero y pedirle su gracia para que el viaje diera frutos.

Al medio día llegué a David. Era un día soleado y hacía mucho calor. Encontré en el camino una Iglesia que llamó mi atención. Cuando me di cuenta que era franciscana me estacioné y me bajé del auto enseguida. ¡Qué grata sorpresa! Las paredes tenían pinturas de la vida de san Francisco.

En el centro de la Iglesia un gran Cristo me esperaba.

“Mírame”, parece que me decía Jesús. “Te amo mucho. Por ti estoy aquí”.

Al acercarme me di cuenta que no podía levantar la vista y mirarlo a los ojos. Era imposible. Los pecados me pesaban en el alma y sentía vergüenza de mirarlo y que me mirara y viera mis pecados.

En ese momento busqué un sacerdote y me confesé. ¡Qué alivio!

Regresé enseguida a la Iglesia y me detuve frente al Cristo que me miraba compasivo. Lo miré a los ojos, largo rato.

“Mi buen Jesús, cuánto te ofendemos. Perdónanos”, le dije.

¿Alguna vez lo has pensado?  ¿Qué miras? ¿Qué deseas? ¿Qué pensamientos te trae tu mirada? Haz un pequeño alto en este momento y reflexiona:

“¿Para qué usamos nuestros ojos? ¿Son miradas de amor o de envidia? ¿Miras con deseo lo que no es tuyo? O miras con Misericordia y amor a los que te rodean”.

Melville tenía razón:

“Los ojos son las ventanas del alma”.

A través de nuestras miradas podemos ensuciar nuestras almas y ofender a Dios. Por eso san Félix aconsejaba:

 “Amigo, la mirada en el suelo, el corazón en el cielo y en las manos el santo rosario”.

Justo hoy mientras te escribía y reflexionaba me encontré esta bella reflexión de santa Teresa de Jesús. Te la comparto encantado. Edifica y nos instruye en el Amor.

 

 

«Sólo os pido que le miréis. Pues ¿quién os impide volver los ojos del alma, aunque sea rápidamente si no podéis deteneros más, a este gran Señor?

 Podéis mirar cosas muy feas, ¿y no vais a poder mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca aparta vuestro Esposo sus ojos de vosotras ¿es mucho pediros que apartando los ojos de las cosas exteriores, le miréis algunas veces a Él?

Mirad que no está esperando otra cosa, como dice a la esposa en los Cantares, más que le miremos. Cuando queráis le encontraréis. Desea tanto que le miremos que no quedará por Él».

 

…………..

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