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¿Qué hacer cuando no puedo perdonar?

Ana Blazic Pavlovic
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Salgo de una gran batalla. Las más difíciles son conmigo mismo. Ves que te hacen una enorme injusticia y no hay forma que alguien te escuche.  Entonces llega la mayor tentación Odiar. 

Te debilitas porque en ese torbellino, cada vez oras menos, acudes poco a los sacramentos. Y tu mundo empieza a girar en torno a este problema.

Un amigo me dijo una vez: “Hace mucho atravesé un serio problema. Me quitó el sueño por meses. Hoy, a la distancia, veo que no era tan grande como parecía”.

Es muy cierto. Sorprende ver cómo crecen los problemas en nuestras mentes.

Como tenía experiencia, le hice una consulta y me respondió:

“Los problemas se deben enfrentar. No tengas miedo. Reza. Habla con Dios. Y usa tu inteligencia. Busca buenos arreglos. Y sal adelante”.

Seguí su consejo. Y aquí estoy. Escribiéndote.

Es muy cierto lo que nos dicen: “Perdonar es bálsamo”.

Cada mañana me levantaba de la cama diciéndome: “No voy a odiar. Debo amar”. 

Como mi amor era insuficiente e imperfecto, acudí al Amor de los amores, para pedirle una chispa de su Amor.

Y así pude cada día amar un poco más a estas personas que me estaban haciendo un gran daño.  Recé por ellos y los perdoné.

Mis visitas a Jesús en el sagrario lo fueron todo para mí. Desde allí me miraba compasivo y yo le decía: “Sácame Señor de este torbellino, quiero amar”. Y como me gusta cantarle, vaya tontería la mía, aprovechaba cuando nos quedábamos solos y cantaba con todo el corazón esta bella melodía  “Oh buen jesús”, que a Él le gusta tanto.

Me quedé con esta estrofa que repetí como una jaculatoria: “Jesús que ves mi nada y mi pecado, prepara Tú mi pobre corazón”.

Poco a poco, logré superar la prueba. Y pude amar.

¿Te cuesta amar? Lo sé, me ocurrió igual. Ama con el amor de Jesús.

Es como me dijo cierta vez una prima de mi esposa Vida: “Nosotros ponemos los medios ordinarios y Dios los convierte en extraordinarios”.

El amor todo lo soluciona, porque quien ama no desea ningún mal a su prójimo, te permite perdonar y renovar tu vida.

Con el amor rehaces todo, esta vez mejor.

Sólo me resta darte las gracias mi buen Jesús, por amarnos tanto, por ser tan buen amigo, por cuidarnos tanto..

Eres mi mejor amigo Jesús.

 

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