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¿Por qué la Cruz?

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Es la pregunta que me he estado haciendo en estos días:

“¿Por qué  un sufrimiento tan atroz? ¿Acaso no eres el hijo de Dios?”

Llevo sobre mi cuello colgada una Tau, la cruz franciscana. La miro y aun así me cuesta comprender.

“¿Por qué la cruz, Señor?”, le pregunto.

“Acércate Claudio, mírame en la cruz. Observa con cuidado. ¿Qué ves?”.

“Algo espantoso. Cruel. De estar allí me habría indignado y peleado por ti”.

“Fue un cáliz que el Padre me dio, ¿Lo iba a rechazar?”.

“Te miro en la cruz Señor y no comprendo, ¿por qué te dejaste?”

“Por amor”.

“He aprendido Señor que debo amar, pero no sé cómo. Hace poco me señalaron con acusaciones absurdas,  y quisieron hacerme daño. Me sentí injustamente perseguido, calumniado. Y tuve miedo. Hice lo que siempre hago cuando enfrento un conflicto, te visité en el sagrario y te lo expliqué todo. Salí de aquél oratorio en completa paz,  consolado. Sabía que todo terminaría bien.

Y así ocurrió. Todo terminó, pero fue un conflicto doloroso”.

 “Debo pensar que a Dios se llega por la cruz”, me dije en medio de aquella tormenta. “Esta es una lucha espiritual. Y mi cruz en realidad no es una prueba, es un camino que debo recorrer.  Dios lo ha previsto así en su infinita sabiduría. Debo confiar”.

He sufrido, pero también le ofrecí a Dios todo cuanto pude: mis tristezas, los miedos, la esperanza, mi falta de fe.

Si el sufrimiento es inevitable, puedes darle valor.

Quisieron hacerme daño y, sin darse cuenta, colocaron en mis manos un tesoro: “El sufrimiento”.

Cuando sufres y ofreces tus  sacrificios, la  oración llega a Dios como un incienso grato.

Pude ofrecerlo. Lo tomé en mis manos, las elevé al cielo y le dije a Dios: “Te lo ofrezco, es por tu amor”.  Y en ese momento amé a mis perseguidores. Y los perdoné.

Entonces comprendí.

Ahora tenía sentido tu cruz. Todo era uno: “El perdón, el amor”.

Qué pequeño fue mi sufrimiento al lado tuyo.

Hoy quiero estar junto a ti, mirándote en la cruz.

“Señor, dame la gracia de comprender que lo hiciste porque me amas. Que yo pueda amar y perdonar”.

«TE AMO JESÚS».

 

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