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Por favor, no dejes solo a Jesús en el sagrario.

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Empecé mi día escuchando la misa que transmitían desde el Monasterio de la Visitacion de Santa María, en las Cumbres, Panamá. Allí viven monjas de clausura que pasan sus días adorando a Dios, haciendo su santa voluntad, agradándole con sus actos y pensamientos y, lo más importante tal vez, rezando por nosotros todos, por ti y por mí.

Hay unas palabras dramáticas que la Virgen María le dijo a los niños videntes en Fátima que resuenan hoy en toda la humanidad:

«No ofendan más a DiosNuestro Señor, que ya está muy ofendido». (13 de octubre 1917)

Un amigo me dijo que el mundo seguía girando gracias a las oraciones de estas monjas y otros religiosos que viven en contemplación y santa obediencia. Sus oraciones detienen la mano de Dios.

Al concluir la Eucaristía de la mañana recibí una llamada de una Emisora católica de los Estados Unidos. Querían entrevistarme como autor católico por mis publicaciones en Amazon y estos blogs de Aleteia. Me preguntaron el tema que me gustaría tratar a fondo y sin dudarlo respondí. “El Sagrario”.

Seguro ya sabes que es mi tema favorito y siempre que tengo la oportunidad hablo de Jesús escondido, prisionero de amor, en el Sagrario. ¿Por qué? He visto milagros patentes extraordinarios que han ocurrido a los pies del sagrario.

Allí está Jesús VIVO y muchos no lo saben, no les dicen quién habita en el Sagrario.

De niño estudie en el Colegio Paulino de san José. Una pequeña escuela regentada por una madres franciscanas. Todavía recuerdo a la hermana Ávila entrando al salón de clases, aquella mañana de julio. Nos dijo algo que he recordado toda mi vida y me marcó para siempre.

“Cuando el sacerdote termina la misa, en el copón sobran hostias consagradas que no han sido consumidas. Cada hostia es Jesús. Las guarda en un pequeño recinto, como una casita con llave en la puerta, llamado Sagrario o Tabernáculo. Allí queda Jesús esperando la visita de los adoradores y almas enamoradas. El sagrario es el lugar en que se reservan las hostias consagradas. Allí está Jesucristo, escondido, esperándolos. Sabrán que está allí porque al lado hay encendida una lamparita que te indica su presencia. Se llama lámpara del sagrario”.

La palabra “sagrario” proviene del latín sacrarium que significa lugar santo.

Cuando entro a una iglesia es lo primero que busco, para poder saludar a Jesús. Me quedo un rato haciéndole compañía, diciéndole que le quiero.

Hay un santo de nuestros tiempos enamorado de Jesús en el sagrario, San Manuel González, obispo de Málaga (1877 – 1940) llamado también el obispo del sagrario abandonado. Antes de morir pidió ser enterrado cerca del sagrario y escribió: “Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí esta Jesús!, ¡Ahí está! ¡No lo dejen abandonado!”

Te pido un favor, cuando vayas a misa, al terminar y agradecer tantas gracias y favores que Dios te da, toma unos segundos y saluda a Jesús en el Sagrario, dile que le quieres, que lo necesitas, que te ayude a reiniciar tu vida.

¿Podría pedirte otro favor? Antes de marcharte, dile: “Claudio te manda saludos”. Ya sabes que me encanta sorprenderlo.

¡Dios te bendiga!

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