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Pequeños milagros desde el sagrario (Testimonios bellísimos)

© Facebook / Claudio de Castro
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Cuando empecé a transitar este camino, buscando los pasos de Jesús, tratando de colocar los míos sobre los suyos, me di cuenta que la gracia es tanta que se desborda. En ese momento quedas confundido. No sabes qué hacer, o qué te pide Dios. Tú lo único que anhelas es complacerlo, tenerlo contento.

Dios se complace en ti, y tan pronto das el primer paso te da gracias abundantes, que nunca soñaste.

Un primer paso… No necesita más para correr hacia ti y abrazarte, como el padre del hijo pródigo, que cada tarde salía a ver si su hijo estaba regresando. Tu eres su hijo(a) amado(a).

No he sido el único. Soy sólo uno, el menor de todos, el más imperfecto, el que se equivoca más.

Me doy cuenta que todo lo que he logrado hasta ahora ha sido por el amor de Dios, y la Providencia Divina que nunca ha faltado.

Llevo doce años viviendo de la Providencia y nunca he sido tan feliz. Nada me falta. Al contrario.

Cada mañana al despertar pienso en Dios y mi primera palabra es:

“Gracias”.

No puedo evitar emocionarme por su bondad y amor.

“Dios mío, Padre, gracias por este nuevo día, una oportunidad que se me da para amar”.

¿Vas a ser incomprendido?  Créeme, bastante.

¿Quién comprende esta locura?

Fuimos advertidos.

«Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba. Conserva recto tu corazón y sé decidido, no te pongas nervioso cuando vengan las dificultades. Apégate al Señor, no te apartes de él; si actúas así, arribarás a buen puerto al final de tus días. Acepta todo lo que te pase y sé paciente cuando te halles botado en el suelo. Porque así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de la humillación. Confía en él y te cuidará; sigue el camino recto y espera en él. Ustedes que temen al Señor, esperen su misericordia, no se aparten de él, pues podrían caer. Ustedes que temen al Señor, confíen en él: no perderán su recompensa.« (Eclesiástico 2, 1-8)

Ayer en la Iglesia unas jóvenes se me acercaron al verme en mi mesita con mis libros.

¿De verdad usted vive de la Providencia? ¿Cómo hace?

—Confío —les respondí —He aprendido que la confianza es lo mejor. A Jesús le encanta que confiemos en Él. Y que lo amemos. Es mi gran amigo.

—¿Nos da un ejemplo?

—Por supuesto. Hace unos meses fui a verlo en el sagrario. “¿No te parece que ya es tiempo de tener un libro en chino?”, le dije. Al salir del oratorio me encuentro con una joven que me invita a un programa en Radio María, “Jesús también habla chino”. Le comenté mi sueño y me respondió: “Tenemos el mismo sueño don Claudio, vamos a traducirle su libro en chino”.

Concluí diciéndoles:

—En este momento lo están traduciendo.

—¡Increíble! — exclamaron sorprendidas.

—Qué más puedo agregar —les dije — Es Jesús. Ya ven… Tenemos el mejor amigo, esperando por nosotros, en los sagrarios del mundo entero. He visto tantos milagros patentes…. personas que desesperadas acuden a Jesús en un sagrario y salen confortadas, renovadas sus almas. A los días se me acercan y me cuentan. Es impresionante. Jesús está allí, en cada sagrario… VIVO. Hecho hermano y amigo. Y Amor, para nosotros.

¡Qué bueno eres Jesús!

 

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Les compartimos esta bellísima canción.

https://www.youtube.com/watch?v=hVJB4oCWdj8

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