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¿Pasas el día jugando con el demonio?

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¿Sabías que la tentación no es un pecado? Pecado es consentirla sabiendo lo que hacemos.

Ese es el el gran reto del demonio. Ponernos una tentación tan apetitosa, deseable, en apariencia tan inocente y hermosa que deseemos caer en ella, teniendo conciencia que al hacerlo ofendemos a Dios nuestro Padre. Un Dios bueno que nos ama desde la eternidad.

Hay días en que ronda la tentación y la consientes a ratos, jugando con ella, como quien tiene un pie en la tierra y otro en un mar embravecido, repleto de tiburones.

Por algún motivo deseas nadar allí, aún sabiendo que es peligroso, tal vez porque sabes que te está prohibido hacerlo.

Hay días que ronda el demonio para hacerte pecar. No le gustan las almas puras, inocentes, que agradan a Dios. Te endulza el pecado como un chocolate envuelto, tan sabroso para comer.

El demonio te hará olvidar los peligros que enfrentas y sobre todo hará que no pienses al pecar en las consecuencias de ese pecado.

Tiene tres retos
1. Adormecer tu conciencia
2. Hacer que descuides la oración
3. Mostrarte el pecado como algo bueno, deseable, que mereces.

Durante la guerra los soldados se ingeniaron creando trampas cazabobos para matar al enemigo.  Eran dispositivos explosivos camuflados como objetos deseables, se veían inocentes, y llamaban la atención, una espada, una pistola..

Así funcionan muchas de las tentaciones del demonio con las que jugamos sin darnos cuenta lo peligrosas que son para nuestras almas. Se les podría llamar trampas cazabobos porque parecen inofensivas y son destructivas.

Es como si pasáramos el día jugando con el demonio, abriéndole las puertas de nuestras casas y nuestra vida.

¿Qué hacer para evitarlo? HUYE DE LA TENTACIÓN. Conserva la pureza de tu alma como un tesoro, una gracia que Dios te concedió. Reza. Lleva una vida de oración profunda. Vive el Evangelio y frecuenta los sacramentos. Esto te mantendrá alerta para poder reconocer las tentaciones que el demonio te presenta y sobre todo para tener la fortaleza de evitarlas y decirle: «ALÉJATE DE MÍ. NO VOY A OFENDER A DIOS».

Tengo para ti una buena noticia. “Puedes vencer esa tentación. Dios te ama. Y espera mucho de ti”.

No te dejes, no caigas en esa tentación que lleva días rondandote.

¡Ánimo! ¡Tú puedes vencer!

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