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Nunca olvides la Súplica de la Virgen en Fátima. (Un testimonio fuerte)

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He pasado impresionado por este sacerdote anciano que sabiendo que estaba muriendo levantó las manos en señal de triunfo y exclamó: “Recen mucho. Nos vemos en el Paraíso”. Aparece la foto del sacerdote con el rosario en las manos y una mirada de serenidad y paz.

«Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.»
(Lucas 14, 23)

Era un sacerdote santo, bueno, “lleno de Dios”, tenía la certeza del cielo, esto lo consolaba seguramente y le daba el coraje para dejarnos esos hermosos mensajes de ánimo en medio de su partida.

Jesús nos habló del Paraiso prometido en parábolas, pero en ocasiones lo hizo abiertamente para que no tuvieramos miedo y superiamos a dónde vamos al  terminar el trayecto de la vida, a una maravillosa eternidad a su lado:

«No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino.»
(Lucas 13, 32)

También nos dijo estas palabras sorprendentes:

«En la casa de mi Padre hay muchas mansiones…»
(Juan 14, 2)

Jesús me haces falta, me hace falta estar contigo, visitarte, decirte que te quiero,  agradecerte tu amor infinito.

Esta Cuarentena me ha llevado a repensar mi vida. Cuando ves tantas muertes y vives una pesadilla que nunca imaginaste, todo cambia.

Empiezas a darte cuenta que muchas de las cosas que antes estimabas no tenían ningún valor.

Descubres las verdades fundamentales de nuestra fe, y que Dios está vivo, que es nuestro Padre, un padre amoroso y tierno que está pendiente de nuestras necesidades.

En medio de esta Pandemia que arrastra al mundo y lo obliga sutilmente a cerrar Iglesias, pienso mucho en el buen Jesús, solo… en tantos sagrarios abandonados, alrededor del mundo.

Pueden encerrar mi cuerpo, pero no mi espíritu ni mi alma ni mis oraciones. No hay encierro que evite que vivamos en la dulce presencia de Dios.

No tengas miedo y vive a plenitud. Busca a Dios y perdona todo a todos.

Cuando ves la cercanía de la muerte que recorre hospitales y se lleva a nuestros ancianos, depósitos de la fe y memoria histórica del mundo, comprendes la URGENTE NECESIDAD que tiene el mundo de nuestras oraciones.

Los católicos debemos levantarnos en esta hora de oscuridad y demostrar el coraje que nos da nuestra fe para hacer el bien y adorar a Dios sin pena ni miedos, para clamar al mundo: “CREO EN DIOS”.  Estos son tiempos para declarar nuestra fe y llenar al mundo de amor, misericordia y Perdón.

Haz lo que debes como hijo de Dios, y nunca olvides la súplica de la Virgen en Fátima, que nos dijo con suma tristeza:

¡No ofendan más a Dios Nuestro Señor, pues ya está muy ofendido!”

 

……………

Debemos aferrarnos a la oración, necesitamos perseverar, que Jesús nos escuche. Para ayudarte, te recomendamos el NUEVO libro de nuestro autor católico Claudio de Castro “EL PODER DE LA ORACIÓN CON FE”, renovará tu vida y será una voz de esperanza en este tiempo de  prueba.

 

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