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Nunca lo olvides: «Sin la oración estamos perdidos». (Un bello testimonio de fe)

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Esto es una realidad y me gusta repetirlo para prevenirte y ayudarte a superar la adversidad, las tentaciones, los malos ratos de la vida: “Sin la oración estamos perdidos”. Lo sé por experiencia propia, no es algo que leí, lo he vivido muchas veces. Y he caído por no orar.

En una de la primeras epístolas del gran san Pablo a los Tesalonicenses les recomendó: «oren sin cesar» (1 Tel 5, 17)

¿Sabes lo que esto significa? ¿Cómo puedes orar sin cesar?

He reflexionado mucho en ello y encontré algunas respuestas en un libro bellísimo de un autor Anónimo titulado: “El Peregrino Ruso”.  ¿Lo has leìdo?

“El domingo vigesimocuarto después de la Trinidad entré en la Iglesia para orar durante el oficio; estaban leyendo la epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, en el pasaje  en que está escrito: «Orad sin cesar». Estas palabras penetraron profundamente en mi espíritu, y me pregunté cómo es posible orar sin cesar, siendo así que todos debemos ocuparnos en diversos trabajos a fin de proveer a la propia subsistencia. Busqué en la Biblia y leí con mis propios ojos exactamente lo mismo que había oído: “Orad sin cesar”; “orad en todo momento en espíritu”…  Inútil reflexionar; yo no sabía qué partido tomar. ¿Qué hacer?, pensé:¿Dónde encontrar una persona capaz de explicarme estas palabras?”

Él tuvo la misma inquietud que yo, solo que no se quedó sentado, salió por el mundo buscando respuestas. Cuando lees este libro, viajas con el peregrino ruso en su búsqueda de respuestas. Es maravilloso.

¿Por qué orar? Jesús nos dio la clave: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación”.

Cuenta san Alfonso la historia de un famoso santo que “oyó en sueños a un demonio que decía muy contento: “Siempre que llevo tentaciones a cierto individuo, lo venzo y lo derroto, porque no reza pidiendo ayuda”.

En lo particular me gusta mucho rezar el santo Rosario a veces solo, otras con mi esposa Vida, me da mucha paz.

Recuerdo cierta vez que la inquietud no me dejaba pensar ni trabajar. Las tentaciones me golpeaban con furia. Sentía que estaba por caer y recordé el Poder del Rosario. Me senté en una banca afuera de mi casa y empecé a rezar. A medida que rezaba, una paz sobrenatural empezó a inundarme el alma y recuperé la fortaleza para vencer esa tentación.

San Francisco de Sales, un gran devoto del rezo del Rosario, escribió sobre él: “Rezar mi Rosario es mi más dulce ocupación y una verdadera alegría, porque sé que mientras lo rezo estoy hablando con la más amable y generosa de las madres”. 

El mundo necesita de nuestras oraciones con urgencia, en estos tiempos oscuros que estamos viviendo.

Esta noche, ¿te animaría a rezar un Rosario, por las Almas Benditas del Purgatorio y por los grandes pecadores? Es un acto de Misericordia que a Dios le agrada mucho.

¡Dios te bendiga!

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