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Nunca dejaré de amar y honrar a la Madre de nuestro Salvador, ¿y tú?

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Nunca dejaré de amar y honrar a la Madre de nuestro Salvador. María es nuestra madre espiritual.

La devoción a nuestra Madre del cielo me la inculcaron mi abuelita en Costa Rica y mi mamá.  Me he percatado a lo largo de mi vida cómo la Virgen me ha sacado de muchos apuros y me ha salvado de caer en el pecado.

Existen personas que no comprenden que la Virgen María ante todo es la Madre de Jesús.  ¿Cómo crees que se va a sentir Jesús si hablas mal de su madre?  Debes honrarla, respetarla  y amarla.

«Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada…»  (Lucas 1, 46 -48)

Me uno a todas las generaciones que la honran, aman y la llaman: “BIENAVENTURADA”.

A menudo me escriben diciéndome que Jesús es el único intermediario ante Dios. Y tienen razón. Lo que olvidan es que un hijo nunca le niega nada a su madre, sobre todo si ella es la “llena de gracia”.

Me declaro hijo espiritual de la Virgen María. Ella me ha cuidado siempre. No he sido el mejor de sus hijos, lo sé, pero me esfuerzo. Caigo, me levanto.

La Virgen es madre y cuida de nosotros sus hijos amados. Esto lo saben muy bien los mexicanos por Nuestra Señora de Guadalupe.

Mientras escribo escucho esta canción que me enseñaron de niño:

Reine Jesús por siempre,
Reine su Corazón.
En nuestra Patria
en nuestro suelo,
es de María la nación.

 

Tampoco dejaré de rezar el santo rosario que tanto le agrada a la Virgen María y nos recuerda en cada misterio diferentes episodios de la vida de Jesús. Rezar el Rosario es seguir los pasos de Jesús cuando estuvo en la tierra.

Hoy rezaré Los Misterios Dolorosos. ¿A dónde me llevará el rosario en la vida de Jesús?

Jesús ora en el Huerto de Getsemaní. (Mc 14, 32-38)
La Flagelación de nuestro Señor. (Mc 15, 15)
La Coronación de espinas. (Mc 15, 16-19)
El Camino hacia el Calvario cargando la Cruz. (Mc 15, 21-22)
La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor. (Jn 19, 18-30)

Cuando rezo el rosario lo acompaño. Imagino que estoy allí, presente, mientras ocurren estos eventos. Soy uno más en la multitud que lo sigue sorprendido por su humildad y silencios, hasta el calvario. Veo cuando lo despojan de sus ropas y lo clavan en la cruz.

¿Cómo no amar al que ha hecho esto por mí, por ti, por todos nosotros?

Qué maravilloso es el rezo del santo Rosario.

Cuentan que la Virgen le hizo muchas promesas al dominico Allan De la Roche, para aquellos devotos que recen el santo Rosario. Una en particular me llena de esperanza:

“Los devotos de mi Rosario, en la hora de la muerte, no morirán sin sacramento”. 

Mientras camine por este mundo no dejaré de repetir:

«¡A Jesús por María! ¡Que viva la Virgen!»

 

 

……………………….

 

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