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No tengas miedo, para Dios NO HAY NADA IMPOSIBLE (Un fuerte testimonio)

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DIOS irrumpe en nuestras vidas de formas que no podemos imaginar. Él es muy creativo y suele sorprendernos de mil maneras. A mí me encanta esto de Dios, siempre parece tener cosas nuevas, la verdad es que todo en Él es nuevo y maravilloso.

Una prima con la que conversaba sobre mi libro “El Gran PODER» Olvidado: Los 7 DONES del Espíritu Santo”, me explicaba los dones del Espíritu Divino. Intercambiamos ideas y al final concluyó: “Debes leer más las Escrituras Claudio. Allí están las respuestas a tus inquietudes”.

Tuve que reconocer que tenía razón. Desde entonces tengo mi vieja Biblia escolar a mi lado. No te imaginas las maravillas que suelo encontrar. Justo hoy descubrí unos versículos que me tienen impactado. Cuántas veces los habré leído o escuchado sin prestarles atención. Hoy me detuve en cada palabra.  Y he pasado ratos formidables reflexionando en ellas.

Te lo comparto, sencillamente no tengo palabras:

«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó – lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo.» (1 Juan 1, 1-4)

Imagina conocer a Jesús, quien existió desde siempre y poder hablar con Él, escucharlo, saber que su palabra viene del Padre.

He pasado mi vida buscando a Dios. Tratando de encontrarlo en diferentes lugares. Como san Agustín lo descubro en mí, en su Palabra, en las escrituras, en mis hermanos.

Es maravilloso tener presencia de Dios, poder compartir contigo estas experiencias de Dios, como un Padre bueno, misericordioso.

Hace unos días me escribió una lectora preguntando qué hacer ante tantos problemas. Me di cuenta que a veces las dificultades nos golpean tan duro que nos tienen aturdidos.

Olvidamos entonces lo fundamental, aquello que nos traerá paz y confortará nuestras vidas. Anótalo en algún lado y léelo con frecuencia cuando no encuentres salida: “Para Dios no hay nada imposible”.

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