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No temas acudir a María en este momento de dificultad (Un testimonio bellísimo)

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“María mírame, si tú me miras Él también me mirará”. La Virgen es mi madre espiritual. Me he acostumbrado a acudir en pos de su auxilio, en medio de las grandes tentaciones y dificultades que nunca faltan. La Virgen María ha sido mi consuelo. Y no me canso de recomendar a todos: “Acudan a María”.

Los hermanos separados suelen decirte: “El único intermediario ante Dios es Jesús”.  Y es muy cierto, pero no tienen en cuenta algo fundamental y sencillo… La Virgen María es la madre de Jesús, por tanto, podemos acudir confiados a ella, sabiendo que Jesús la escuchará siempre.

¿Crees que Jesús, quien la ama sobre todas las cosas, le negara un favor a su madre?

Es muy sencillo… Jesús intercede ante Dios.

Y María intercede ante Jesús, por todos nosotros.

Esta protección maternal no es algo nuevo, la han experimentado los grandes santos y creyentes a lo largo de los siglos.

Escúchame, no temas acudir a María en este momento en que no sabes qué hacer. Ella te escuchará y le hablará a Jesús de ti.

María es mi madre y como hijo espiritual acudo confiado a ella. Los mexicanos lo saben bien.

“¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”

Siento su protección maternal. Me encanta sentirme bajo su mirada amorosa. A lo largo de mi vida ha estado conmigo y reconozco que no soy el mejor de sus hijos. Bastantes dolores de cabeza le habré dado.

Una de las más bellas oraciones a María la escribió san Bernardo. Te recomiendo que te la aprendas y la reces en esos momentos difíciles, de gran preocupación o cuando te encuentras arrinconado, sin salida. Yo suelo rezarla con frecuencia.

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.
Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

¡Que viva la Virgen María!

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