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No podemos ir a Jesús y Él vino a nosotros (Un bello testimonio)

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Cuánto debemos amar a nuestro Salvador, presente en todos los sagrarios del mundo, dispuesto a escucharnos, llenarnos con abundantes gracias y perdonar un corazón arrepentido. Ahora solo, sin nadie que lo visite y le diga que le ama.

Hoy, Él salió y vino a nosotros, los panameños.

Tanto que he soñado con este momento de gran espiritualidad. Ya sabes lo que sufro por no poder ir a visitar al buen Jesús. Y nuestro Arzobispo, Monseñor José Domingo Ulloa, ha salido en helicóptero para sobrevolar Panamá y bendecirnos a todos con el Santísimo Sacramento. Los panameños se asomaron a las ventanas de sus casas para recibir la bendición.

No podemos ir a Jesús y Él viene a nosotros, Esta es una gracia que ni siquiera podemos imaginar el valor espiritual que conlleva, ¡Jesús VIVO te bendice!

Con nuestra lógica humana no podemos imaginar las gracias espirituales que se reciben cuando te bendice Jesús Sacramentado. Ahora mira con los ojos del alma y comprenderás. No hay forma de pagar tanto amor

He sido testigo de muchos milagros patentes, que se han dado por una pequeña visita a Jesús Sacramentado.

Creo que te he contado la de este lector de mis libros que en una ocasión me escribió. Estaba enfermo con un cáncer terminal. En vista que nada quedaba por hacer para mejorar su salud lo enviaron a casa a morir, para que la familia lo acompañara en sus últimos momentos y recibiera cuidados paliativos. No le daban más de una semana de vida.

Camino a casa pidió a la familia que se detuvieran en una capilla cercana, quería bajarse y adorar a Jesús Sacramentado presente y VIVO en el sagrario. Con las pocas fuerzas que tenía logró llegar y se postró frente a Jesús para adorarle.

“Aquí estoy Jesús” le dijo. “Te lo entrego todo, te lo ofrezco todo y lo acepto con tal que en mí se haga tu santa voluntad”.

Antes de marcharse le dijo: “Si quieres puedes sanarme Jesús, para ti nada hay imposible”.

Se lo llevaron a la casa y allí lo acomodaron lo mejor que pudieron. Al día siguiente al abrir sus ojos ocurrió algo asombroso.  No se sentía enfermo. Había recuperado sus fuerzas. Se levantó con hambre y pidió desayunar.

La esposa preocupada lo llevó de vuelta al hospital donde lo examinaron. Los médicos concluyeron: “No tenemos idea de lo que ha ocurrido. No existe una explicación médica. El cáncer persiste, allí está, pero por algún motivo se ha desactivado, está inerte. Y no sabemos cuánto pueda durar esto”.   

Vivió otros cinco años, sirviendo en la Iglesia como catequista de adultos, dedicando el tiempo de gracia que Jesús le había concedido en bien del prójimo, realizando buenas obras, rezando, amando a Dios.

Ama mucho a nuestro buen Jesús presente en el santísimo sacramento del altar. JESÚS ESTÁ VIVO en la hostia consagrada.

¡Bendito y alabado sea por siempre mi Jesús Sacramentado!

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