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“No ofendan más a DIOS, que ya está muy ofendido».

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En 1981 un humilde empleado de la fábrica donde trabajaba me recordó lo que ofende a Dios. Lo hizo con una sencillez asombrosa. Era un viernes de Cuaresma y comí carne.  Estaba muy distraído por los problemas que enfrentaba ese día y lo olvidé.

“Creo que he cometido un pecado”, le comenté  en el comedor comunal, donde todos almorzábamos.  “He comido carne y es viernes de guardar”.

Me miró con benevolencia.

“No se preocupe señor Claudio”, me dijo. Y me aseguró: “Lo que ofende a Dios es lo que sale del hombre, no lo que entra en él”.

Cuánta humildad y certeza en tan pocas palabras.

Al llegar la casa abrí mi Biblia y encontré el texto en Mateo 15, 10 -11:

“Oíd y entended. No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.”

A menudo lo recuerdo.

Me doy cuenta que ofendo a Dios también: con los malos pensamientos que salen de mí, con las palabras ofensivas, con mis pobres acciones; con mi débil fe y mi poco amor.

         *   *   *

Estamos en Mayo. Te escribo en vísperas del día 13. Escucho el “Ave, ave, ave María”.  La Virgen, nuestra madre, ha venido del cielo para aconsejar a sus hijos y mostrarles el camino a Dios. Nos ha pedido que recemos, pidamos perdón a Dios y hagamos actos de reparación.

Recuerdo su llamado urgente en Fátima:

“No ofendan más a DIOS, que ya está muy ofendido”.

Cuando tengo fuertes tentaciones le digo:

“No quiero ofenderle Madre mía”, y recapacito: “Por ti no haré tal cosa…”

Seguramente cuando leas estas palabras habrá pasado la Fiesta de nuestra Señora de Fátima.

Empecé este mes proponiéndome rezar cada día el santo Rosario.  Y deseo continuar con esta bella devoción que tanto agrada a nuestra Madre celestial.

He tratado por años de hacerlo. Pero me ganan el ordenador, el televisor y otras distracciones. A menudo cuando voy a rezarlo, estoy por dormir, tan cansado que apenas puedo pronunciar 3 Ave Marías.

Cuando termine de escribir tomaré mi Rosario y le pediré a Vida mi esposa que me acompañe a rezarlo.

Te invito también,  para que lo reces en familia.

La Virgen lo ha pedido:

“Rezad el Rosario todos los días”.

Escuchemos a nuestra Madre del Cielo.

 

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