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“No importa lo que ahora vives, ten fe, confía” (Un testimonio bellísimo)

Marina Vitale | Unsplash
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Hoy me siento agradecido porque Dios ha sido bondadoso con todos nosotros. Sé que tal vez atraviesas una gran dificultad y puede que sufras. Aun así, cuado lo piensas, te das cuenta que hay mucho para agradecer en estos días santos.

Mi esposa me mostró ayer temprano un video que le enviaron sus amigas del colegio. Un hombre envuelto en papel regalo despierta y se quita el envoltorio emocionado: “Estoy vivo”, grita eufórico, luego va al baño y abre el grifo del agua: “Sale agua. Qué maravilla”. Y así va por toda la casa descubriendo lo que es patente pero ya no vemos. Mucho se nos da y poco agradecemos.

La vida es un regalo, un don que recibimos. Esto lo sé bien. Y lo descubres a medida que pasan los años y ves partir a tus conocidos y familiares. Es en esos momentos cuando te das cuenta de la fragilidad de la vida y lo maravillosa que es. Dura un suspiro, por ello debemos vivir a plenitud, cada día, sin odiar a nadie, perdonando todo, amando a todos.

Conviene ser agradecidos por lo que tenemos, incluso las cosas malas que nos aflijen.

Cada vez que algún lector me escribe para contarme las difíciles condiciones en que se desarrolla su vida, procuro consolarlo “y comprender”, pues la vida no es sencilla. Luego, los envío con aquél que puede ayudarlos: “Jesús en el sagrario” y les sugiero “ofrecer” sus sufrimientos, por la conversión de los pecadores, la salvación de tantas almas que viven en pecado mortal, la santificación de los sacerdotes, las almas benditas del purgatorio… Hay tanto por qué ofrecer nuestros dolores.

Hace unos días una lectora de mis artículos escribió en los comentarios:  “…lo primero que hago cuando voy a misa… pasó a saludar a mamá María pues está a la entrada y de ahí directo a saludar a mi Jesús en el Sagrario, hasta que empieza la misa”.


Jesús Sacramentado, silencioso en el sagrario, le da sentido a mi vida, me abraza, consuela y lo más importante, me brinda las gracias y fortaleza que requiero para continuar, por eso a todo el que puedo le recomiendo: “Ve al sagrario y visita a Jesús. Él tiene todas las respuestas”.

Para mí, es algo extraordinario, un misterio de amor, la presencia de Jesús quien en su infinita bondad se ha quedado en medio de nosotros, escondido en el sagrario. Me maravillo cada día al pensarlo.

 

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Cada uno de nosotros es responsable de su vida, un don que se nos da, por ello debemos esforzarnos en vivir mejor, ser felices, al amparo de Dios.

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