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Me declaro hijo espiritual de María, la siempre Virgen, Inmaculada. ¿Y tú?

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Tengo un amigo que cada año para estos días me envía este mensaje. “¿Quién causa tanta alegría? La concepción de María”. Es católico, nicaragüense, devoto de la Virgen.

Hoy quisiera escribir estas palabras, para agradecerle a nuestra bella Madre del cielo, sus cuidados maternales. Su amor por la humanidad. El hecho que nos lleva a su Hijo Jesús, cada día, a cada momento. Nada pide para ella, siempre es igual: “Haced lo que mi Hijo os pida”.

Como Madre de la Humanidad, orienta, advierte, señala el camino que es su Hijo. También nos recuerda que nos debemos unos a otros, porque somos hermanos. Y nos pide oración, humildad, sencillez, el alma pura, ser obedientes, ayuno, sacrificios por las almas de los grandes pecadores.

“Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores porque muchas almas van al infierno por no tener quien se sacrifique y rece por ellas”.

Busca a sus hijos para brindarles consuelo y un regazo maternal.

Mi mamá desde niños nos enseñó a amarla y acudir a ella en los momentos de dificultad y angustia. Todos tenemos una Madre en el cielo”, nos decía.

 

 

Al empezar a escribir hice esta jaculatoria: “Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía”.

Alguno podrá decirme: “Jesús es el único que intercede ante su Padre”. Es cierto, pero olvidan que una madre siempre puede interceder ante su hijo. Y es lo que hace la Virgen por nosotros.

Cuando era niño y necesitaba algo de mi papá solía ir donde mi mamá para que ella intercediera. No era el camino más corto, pero sí el más seguro de obtener una respuesta afirmativa.

Cada vez que tenemos un problema o nuestras almas están en peligro de perderse, ella gentil acude a su hijo. ¿Crees que Jesús le negará algo a su madre?

Le debo demasiado a la Virgen María. Ha intercedido ante su Hijo para sacarme de apuros cientos de veces.

Cuando le pido alguna gracia siento en lo más hondo del alma que me pide cambiar de vida, y cuando no sé cómo su respuesta no demora en llegar:

“Haz lo que mi Hijo te pide”.

Hoy saldré por las calles como mi amigo, feliz de saberme hijo de la Virgen, con este grito que me brota del pecho, con fuerza y entusiasmo:

“¿Quién causa tanta alegría? La concepción de María. ¡Qué viva la Virgen María!»

 

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