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Los Anteojos de la Misericordia

Ricardo-Williams-CC
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Soy miope desde niño. Si me quito los anteojos no podría disfrutar ni ver el mundo a mi alrededor. Necesito los anteojos para ver. Con sus cristales corrijo la imagen distorsionada que me llega a través de los ojos.

Ayer, por unos momentos me quité los lentes, limpié sus vidrios y me pregunté:

“¿Qué pasaría si a través de estos cristales pudiera ver el mundo como lo ve Dios: con Misericordia, ternura y Amor?  Sin juzgar a nadie. Perdonándolos a todos”.

A veces me vienen estas ideas ingenuas,  y me quedo reflexionando en ellas. Me encanta pensar en las cosas de Dios. Trato de conocerlo más, para amarlo más.

Conversaba con una joven que se prepara para ir a la  Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia. Me contaba los preparativos, los eventos que realizan para reunir fondos.

También usa lentes y me animé a contarle mi inquietud. Y le propuse esto: “¿Qué tal si durante una semana, cada vez que nos ponemos los anteojos, miramos a través de ellos con misericordia?”

“¿Y los que no usan anteojos?”

“Muy fácil”, respondí. “A ellos les bastará abrir sus ojos cada mañana y proponerse cada día, durante una semana ver el mundo, y todo a su alrededor, con Misericordia”.

“¿Por qué una semana?”

“Porque un día cuesta. Una semana cuesta más. Y un año es mejor llevarlo de poco, una semana a la vez”.

Esta mañana cuando desperté me acordé del reto. Tomé mis anteojos, limpié los cristales y mientras me los colocaba me dije: “Empecemos Claudio”.

He procurado ser amable, misericordioso, en cada evento del día.  Antes de hablar me digo: “Misericordia”.

Procuro la alegría que da la presencia de Dios en nuestras vidas.

No más salir de mi casa me di cuenta que no es tan fácil hacerlo. Decirlo es sencillo. Y es que chocamos con las opiniones de los otros, con sus formas de ser y actuar.

Alguien me ha cerrado el paso con su auto, acelerando cuando yo tenía la preferencia. Me muerdo los labios y sonrío con amabilidad.

Debo amar. Hacerlo todo diferente. Una re-ingeniería espiritual.

Perdonar.
Ser misericordioso.
“Comprender, no criticar”, como decía el buen Papa Juan.

Ahora te lo propongo a ti. 

¿Te animarías a usar los anteojos de la Misericordia esta semana?

Te paso el reto. Y tú, pásalo a otros.

Comparte tus experiencias.
Seguro serán formidables.

¡Una gran aventura!

 

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