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¿Lo recibes en la mano? No olvides que la Hostia es Jesús y ¡está VIVO!

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Hoy ocurrió lo peor que puede ocurrir durante una Eucaristía, comulgar en la mano, en la forma como lo estamos haciendo, sin los cuidados necesarios.

Observa con atención…  Estamos ante la presencia VIVA del Hijo de Dios. ¡JESÚS SACRAMENTADO!

Es difícil recibir la hostia santa cuando llevas una mascarilla incómoda en el rostro. Con una mano se levantan la mascarilla y con la otra se llevan la hostia a la boca. Por eso ves pocos gestos de reverencia y adoración a Jesús, durante la comunión. Y en un descuido pueden caer fragmentos de la sagrada Hostia.

Jesús VIVO es pisoteado por los comulgantes sin darse cuenta.

Ocurre cuando quedan pequeños fragmentos de la hostia santa en las manos del comulgante. Algunos no revisan las palmas de sus manos y pueden caer al suelo fragmentos de hostia consagrada. O peor, y esto es lo que más me inquieta, pueden ocurrir robos de hostias por personas mal intencionadas.

«Los sacerdotes necesitan que los ayuden», pensé, «alguien que sostenga una patena durante la comunión».

Nos pide nuestra Iglesia que recibamos a nuestro Señor en la mano, por esto de la Pandemia. ¿Sabías que la comunión en la mano se permite en ocasiones muy especiales, pero no es la norma ni debe serlo?

¿Cuál es la mejor forma de comulgar en la mano? Aleteia ha publicado un artículo interesante en el que te explican la forma correcta de hacerlo.

También debes saber que:

  1. No puedes comulgar en pecado mortal.
  2.  Debes llevar el alma limpia, en estado de gracia. San Pablo no anda con rodeos para decirte: :

«Así pues, cualquiera que come del pan o bebe de la copa del Señor de manera indigna, comete un pecado contra el cuerpo y la sangre del Señor. Por tanto, cada uno debe examinar su propia conciencia antes de comer del pan y beber de la copa. Porque si come y bebe sin fijarse en que se trata del cuerpo del Señor, para su propio castigo come y bebe. Comeríamos y beberíamos nuestra propia condenación». (1 Corintios 11,27:29):

  1. Acércate a comulgar con amor a Jesús, devoción profunda y espíritu de plegaria.
  2. Después de la comunión revisa con cuidado la palma de tu mano. Y si hay alguna partícula, consúmela con devoción, que no caiga ninguna al piso.
  3. Siéntate en silencio de vuelta en tu banca y agradece a Dios los dones Recibidos. Son tantos que jamás podrás agradecer suficiente.

Queridos sacerdotes, ustedes nos entregan en las manos a la persona de Cristo. enséñennos cómo tratar a Jesús, las delicadezas que debemos tener, el amor con que debemos tratarlo y sobre todo los cuidados para que no se pierdan pequeños fragmentos de la hostia. Necesitamos que nos expliquen nuevamente en sus homilías todo lo referente a comulgar en la mano.

Y por favor, les ruego, usen la patena cada vez que puedan, durante la comunión. Tengamos este pequeño y gran acto de caridad por Jesús Sacramentado.

¡Dios les bendiga!

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