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¡ Que viva la Virgen María!

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Vengo de visitar a Jesús en el Sagrario.

“Lo haré por tu madre” le dije, “¿te importa?”

“Me encanta que lo hagas”, respondió.

Entonces, dirigiéndome a la Virgen María le dije:

“Todas las reflexiones que escriba, son para ti, Madre mía”.

He querido dedicar lo que escriba a la Virgen María, “mi madre”, nuestra madre, MADRE DE TODOS.

Quiero contar con su bendición maternal cada vez que me sienta a escribir. Poder tocar muchas vidas con las palabras, recordar a los lectores que no estamos solos en este mundo y que nos espera un cielo maravilloso. La Virgen se preocupa mucho por ti.

En mi país mayo es el mes dedicado a la Virgen. Cuando se acerca mayo, me voy preparando.  Lo espero con una gran ilusión.

Hago una buena confesión sacramental, busco un buen libro de espiritualidad sobre la Virgen, para leer, le compro flores y se las llevo con mi esposa Vida y mi hijo Luis Felipe.

Tengo una gran deuda con la Virgen. Siempre nos ha cuidado.  Su amor maternal nunca ha faltado en mi familia.

Estamos empezando este mes en que la honraremos cada día, con nuestros pensamientos y acciones.

Es mayo, ¡qué maravilla!

La visitaremos en sus santuarios e iglesias, rezaremos el santo Rosario que tanto le gusta, y le diremos muchas, muchas veces, que la amamos. A toda madre le agrada escuchar estas palabras de los labios de sus hijos.

Me ha mostrado con creces su amor y protección. ¿Cómo no amarla?

Me nace del alma en este momento darle un piropo: «Eres la más bella dulce Virgen María».

Sobre la pared de mi cuarto cuelga un bello cuadro de la Virgen. Me encanta mirarla porque te da la impresión que también te mira y te sonríe.

Cada mañana antes de salir, le pido su bendición. Me ayuda mucho porque cuando llegan las tentaciones y estoy por caer me digo:

“No le haré esto a la Virgen. No seré causa de este dolor a su Inmaculado Corazón”.

Esta certeza de saber que ella nos mira ilusionada desde el cielo, como una madre que vela por sus hijos,  me ayuda a continuar.

No sé si te ocurre igual, me gustan mucho las jaculatorias, oraciones cortas de amor, que puedes repetir a lo largo de la jornada. Hay una en particular, que le digo a la Virgen como un grito de auxilio y confianza.

“Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía”.

La he repetido hoy a lo largo del día. Y me parece escuchar:
“Mi pequeño, no temas, aquí estoy”.

Para comprender debes tener el corazón de un hijo, un pequeño que busca y ama incondicionalmente a su madre…

Dile con toda tu alma y todo el corazón:

“Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía”.

 

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