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Las trampas Caza Bobos del demonio (un fuerte testimonio)

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La mayor lucha la tengo conmigo. Me pasa a menudo como a san Pablo: «No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto. (Romanos 7, 15)

«De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.» (Romanos 7, 19)

A veces me pregunto dónde está el Claudio aquél que de niño quería ser santo. El mundo nos envuelve en sus luchas y pecados.

El demonio ronda a los hijos de Dios para hacerlos perder sus almas. Es muy hábil, astuto. Se sienta tranquilo a estudiarnos, tiene el tiempo a su favor, le sobra, no está ligado como nosotros al paso de las horas. Cuando descubre una debilidad se concentra en ella.  Nos pone trampas, tentaciones que parecen inocentes, agradables.

Durante la Primera Guerra Mundial se confeccionaron, luego en la Segunda Gran Guerra y en Vietnam se abundaron, surgieron como dispositivos ingeniosos y letales para matar. Eran objetos corrientes a los que les adherían explosivos. Estos dispositivos cobraron muchas víctimas de soldados ingenuos. Los llamaron Booby traps o trampas caza bobos.

El demonio se ha especializado en este tipo de trampas Caza bobos para cazar nuestras almas. Abres una página en Internet, buscando información del trabajo  o el colegio, se activa un virus informático y se abre una página de pornografía.

Abres Twitter y de pronto encuentras una discusión sobre un tema apasionante, que lleva al odio.  Qué rápido escalan los insultos.

Si tan solo recordáramos que todos somos hijos de un mismo Dios, por tanto hermanos. Y que nos debemos los unos a los otros.

¿Qué hacer?
Vive en las manos de Dios
Fortalece tu alma con la oración,
el rezo del santo Rosario,
la penitencia, el ayuno
la lectura de la santa Biblia
y una vida sacramental.

Y cuando ya no puedas más, acude a María, la Madre de nuestro Salvador siempre escucha y protege a sus hijos.

Sé humilde. El demonio no resiste a los humildes.

Se cuenta de un monje santo que se encontraba en su celda en oración cuando el demonio se le apareció en forma de un hermoso y luminoso ángel.

“Tengo un mensaje del cielo para ti, que eres obediente y santo”.

El monje sin inmutarse lo miró y respondió: “Pues seguro te has equivocado de persona porque en este mundo no existe nadie más pecador que yo”.

Siendo vencido por la humildad del monje el demonio furioso desapareció.

Todos somos tentados, es parte de la vida. Pero no tienes que caer.

No mires con deseo esa mujer ajena, no desees los bienes de tu prójimo, perdona de corazón, a todos, sobre todo a aquellos que te hacen daño. Y reza por ellos.

¡Dios te bendiga!

 

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