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La mañana que Dios se presentó y cambió mi vida (Un testimonio hermoso)

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Un día como hoy, a esta hora, hace 29 años conducía hacia mi trabajo. Aquella mañana soleada tenía algo de especial, cambiaría mi vida. La presencia de Dios me sorprendería, pero no podía comprenderlo en ese momento. Era como un sentimiento, una certeza de “Alguien” que me amaba.

Experimentaba su Amor, pero mis ojos estaban puestos en lo temporal, el deseo de hacer fortuna, lograr éxitos en esta vida. Iluso de mí. No sabía que Dios a sus hijos amados los busca, como el padre de la parábola del hijo pródigo, emocionado por verlo regresar.

Iba tarde y manejaba el auto apurado. Recuerdo bien el momento. Giré por una calle para acortar el camino. Descubrí un hermoso parque a mi derecha. Estaba vacío, solitario. Sin pensarlo dos veces detuve el auto. Caminé hacia aquél parque, olvidando el trabajo, mis obligaciones, las deudas con los bancos, las dificultades, los problemas que atravesaba, mis sueños de grandeza.

Fue como entrar en una dimensión espiritual, que poco conocía. Me sentía feliz, sereno, en paz. Sabía que Dios me miraba con amor. Era una certeza que nadie me dijo, sencillamente lo sabía.

Estaba por cumplir 33 años. No conocía estas palabras de santa Teresa de Jesús: “Dios se da del todo, a quien se le da del todo”.  Con los años descubriría que son ciertas. Dios se da del todo, abrazando, consintiendo, llenando de gracias a los que le dan todo.

Algo desconocido en mi interior, me empujaba como un río caudaloso hacia Dios.

Me senté en una banca, miraba a los que conducían sus autos apresurados, hacia sus trabajos, sumergidos en sus rutinas diarias.

“Señor aquí estoy”, pensé.

Reflexioné en aquellas personas y sus vidas, que eran como la mía, en ese momento. Y tomé la resolución que lo cambió todo.

“A partir de los 33 viviré para ti, Señor. Muéstrame el camino y lo seguiré”, le dije.

Desde de ese instante empecé a escalar su Divina montaña, y a vivir experiencias increíbles, sorprendentes.  Era la gran aventura de Dios.

Han sido los mejores momentos, maravillosos, inolvidables, en su dulce presencia, no exentos de muchas dificultades.

Hoy que estoy por cumplir años, hago un alto en el camino para decirte nuevamente:

“Aquí estoy Señor, para ti, por ti”.

Se hacen presentes estas palabras de santa Teresa:

“Guíe su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino suyos.” 

¿Puedo pedirte un favor? Pide a Dios por mí. Somos frágiles, de barro, pecadores. Caemos y nos levantamos.

No merecemos la gracia de Dios y sin embargo nos la da, por amor.

El camino es espinoso, difícil, pero seguimos adelante, no con mis fuerzas que son pocas, sino por pura gracia de Dios, que a todos nos favorece y nos sostiene.

Amable lector, me permites otro favor? Ya sabes que me encanta sorprender a Jesús en el sagrario. Es un gran amigo.

Cuando vayas a verlo, dile: “Claudio te manda saludos”.

¡Dios te bendiga!

 

………..

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“EL SAGRARIO” es un clásico de espiritualidad que «ENCIENDE los CORAZONES» en amor a Jesús Sacramentado. Escrito por nuestro autor Claudio de Castro  

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