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La GRAN tentación del diablo para que abandones tu Apostolado (un Testimonio impactante)

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Lunes 11:00 a.m.

Recibí una llamada telefónica. Era una señora, asidua visitante de Jesús en el sagrario, enamorada de la Eucaristía.

Cada mañana, madruga ilusionada, va a la santa Misa y luego se dirige al oratorio donde tienen el sagrario y allí se queda horas acompañando a Jesús Sacramentado. Reza por su familia, por ti y por mí. Le agradece el don de la vida e incluso sus muchos sufrimientos, ya que es una persona mayor y está enferma. Y a menudo se siente sola.

Su refugio ha sido Jesús. La acogió con tanto amor en aquél pequeño sagrario, que es su anhelo diario estar con Él.

“Las horas se convierten en minutos, Señor Claudio. No percibo el tiempo por lo feliz que me siento con Jesús, Él me consuela. Me brinda su amistad. Me escucha. Me hace compañía. Disfruto enormemente esos momentos de una paz extraordinaria. A todo el que se vea como yo, en esta edad, sintiéndose sola, le aconsejo, abandónense en las manos de Jesús. Vayan a los sagrarios del Mundo, Allí nos espera ilusionado”.

En su telefonema me ha dicho angustiada:
“Me doy cuenta ante su Divinidad, que soy indigna de estar en Su Presencia. Esto me tiene desolada. No sé si ir a verlo, porque no siempre hice en mi vida su santa voluntad”.

Esto me impactó. Qué forma tan sutil de desviar un alma enamorada. “Soy indigna, por tanto, no iré a verlo”.

Me falta mucho por aprender en este camino, pero en una situación como ésta puedes olfatear la sutileza del demonio que no quiere que ella vaya al sagrario. Esto la movería a enfriar su corazón.

Si te alejas de la hoguera (que es Jesús) en medio de una noche oscura (que es el mundo), ¿qué será de tu vida?

Le respondí:
“Usted es una enamorada de Jesús. A Él le agrada que usted vaya a verlo. Nunca deje de acompañarlo.

Y le conté esta experiencia personal:
“Hace muchos años un sacerdote me llamó después de misa y me pidió que me preparara como Ministro Extraordinario de la Comunión. Di un paso atrás y le respondí: “No me atrevo. No soy digno”. El buen sacerdote sonrió con amabilidad y me dijo: “Si de dignidad se trata, mejor nos vamos todos a nuestras casas”. Me preparé, estudié y durante un año le asistí”.

Me percaté lo hábil que es el demonio.

Con sutilezas trata que no hagas algo bueno. Te siembra la “duda” en el alma.

Si eres sacerdote, religioso, religiosa, o tienes un apostolado en la Iglesia, procurará que lo abandones todo y te alejes de Dios.

No le agradan los que hacen el bien y ayudan a las almas. Desprecia la humildad.

Cuando tengas dudas, reflexiona un rato. La paz viene de Dios. La zozobra no.

¿El diablo es astuto? No lo dudes. Hará lo imposible para que abandones tu apostolado. ¿En «este momento» te está tentando?

¡NO TE DEJES!! ¡Tú que lees esto, y tienes dudas, sigue adelante! ¡Jesús te necesita!

¡Lucha contra esa tentación! Y ora mucho para no caer en ella. 

No olvides las palabras de la Virgen en Fátima que nos pide orar unos por los otros  y lo importante que es:

“Oren, oren mucho porque muchas almas se van al Infierno”. (13 de julio 1917)

Haz que de frutos tu apostolado, por Jesús, la Iglesia y la humanidad.

¡Ánimo! ¡Jesús va contigo y te ama muchísimo!

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