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Jesús Eucaristía, sé Tú mi primera ilusión

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Quiero ser un enamorado de la Eucaristía. Ver en ella el gran milagro que ocurre ante nosotros y que pocas veces nos percatamos.

De tantos santos, me gustaría parecerme  a San Luis, Rey de Francia. Un hombre humilde, a pesar de ser rey, justo y enamorado de Jesús. Lees su testamento y te sientes profundamente impresionado:

«Es necesario evitar siempre todo pecado grave, y estar dispuesto a sufrir cualquier otro mal, antes que cometer un pecado mortal. Lo más importante de la vida es amar a Dios con todo el corazón…”

Esto te lo dice alguien que fue rey.

El mundo necesita gobernantes piadosos como él, que nos lleven por buen camino, y nos den ejemplo con sus vidas y sus actos. Personas con recta intención, que nos devuelvan la paz, la prosperidad  y la esperanza.

Hay una anécdota que se le atribuye a san Luis y que siempre me ha impresionado. Suelo contarla cuando me invitan a alguna emisora de radio católica.

Se cuenta que San Luis fue a misa. Vivía con un especial fervor el momento de la consagración del pan y del vino.  Aquella mañana cuando terminó la eucaristía San Luis salió detrás de un sencillo campesino que acababa de comulgar, lo detuvo y se arrodilló frente a él. El campesino aterrado se preguntaba que pasaba. Y san Luis humildemente respondió: «Es que usted lleva a nuestro Señor».

Somos sagrarios vivos, y llevamos a nuestro Señor a los demás al salir de cada misa.

“¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que está en ustedes?”  (1 Corintios 6, 19):

Por eso debes cuidar tanto tus palabras y pensamientos. Que Dios se sienta a gusto morando en ti.

…el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.” (1 Corintios 6, 17)

Sé ejemplo con una santa vida.

Prepárate bien antes de participar de la santa Misa.

Hoy me escribí con el padre Juan, un sacerdote amigo que vive en Ecuador. Hablamos justamente de san Luis, el patrono de su Parroquia y me comentó: “San Luis se preparaba desde el jueves para la Santa Misa y hasta el miércoles hacía acción de gracias por la comunión”.

“Qué lejos estoy de la santidad”, me he dicho avergonzado. Me vi llegando apurado, un minuto antes que iniciara la Misa y al terminar ésta, salir aún más apurado.

A veces me encuentro con unos amigos dentro de la iglesia y nos quedamos charlando, en lugar de guardar silencio, arrodillarme y agradecer a Dios tantos favores recibidos. No por falta de amor, sino porque olvido la santidad del lugar donde me encuentro.

“Señor, te pido que seas Tú el primero en mi vida, mi mayor ilusión”.

 

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Te invitamos a leer este simpático artículo de Claudio de Castro, nuestro autor, que seguro te va a encantar.

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