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Jesús escondido en el sagrario, ¿Estás allí? (Un bellísimo testimonio)

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Hay una canción que me encanta:

Señor, a quién iremos si tú eres nuestra vida;
Señor, a quién iremos si tú eres nuestro amor,
si tú eres nuestro amor.
Quién como  conoce lo insondable de nuestro corazón;
quién como a ti le pesan nuestros dolores,
nuestros errores quién podría amar cómo  nuestra carne débil,
nuestro barro frágil.

¿La conoces?

https://www.youtube.com/watch?v=Ovs27dlvKzk

 

 

Hace poco me preguntaron por qué iba tanto al sagrario a ver a Jesús si Él estaba en todas partes, en los pobres, los enfermos… Es muy cierto. Le encuentro en los necesitados.

Ya lo decía san Alberto Hurtado: “El pobre es Cristo”. Por eso les trataba con tanto cariño y amor. Veía a Cristo en ellos.

Yo lo sé: “El pobre es Cristo”.  Y la verdad, no le he tratado muy bien. A veces los juzgo, pensando que me engañan para pedirme algo,  les doy la espalda y me marcho sin ayudarlos. No veo su dolor, ni su pobreza ni sus necesidades.

Cuánto me duele actuar así. Corrijo y voy a su encuentro. Cuántas veces los abrazo y les digo: “Abrazo al Cristo que habita en ti”.

Ahora bien… ¿Por qué voy tanto al sagrario?

Voy al sagrario porque sé que allí se ha quedado Jesús, encerrado, como un «prisionero de Amor”, por mí y por ti. No me parece correcto dejarlo solo. Quiero ir y decirle: “Aquí estoy, contigo”. Y poder consolarlo. Que sepa que lo amamos.

A veces sencillamente lo acompaño en silencio.

¿Has estado enfermo y te visita un familiar? Se queda a tu lado, sin hablar. ¿Acaso no te sientes mejor? Su compañía silenciosa te conforta.

Eso hago con Jesús. Lo conforto estando con Él.

Me encanta llegar con una gran sonrisa, que me vea feliz. Le pregunto bromeando:

«¿Estás allí?»

Sé que a él le encanta esto y probablemente desde el sagrario me devuelva la sonrisa:

“Eres un caso Claudio”, seguro me dirá. «Por supuesto, aquí estoy».

Ayer fui a verlo en la capilla de la parroquia San Francisco de la Caleta. Le hablé de ti y tus necesidades. Tantas personas me lo piden:

“Cuando vaya acuérdese de nosotros don Claudio”.

Le he rogado por ti. Aunque estoy seguro que Él ya lo sabía, conoce tus necesidades.

 Soy tan feliz cuando lo visito. Me encanta estar con Jesús. Es genial!

Cuando tú vayas por favor no lo olvides, sonríe y dile:

“Ey Jesús, Claudio te manda saludos”.

Dios te bendiga.

 

 

………….

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