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Hoy que es Navidad visita a Jesús en el Sagrario y dile que le quieres (Un testimonio bellísimo)

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No podía dejar de escribirte hoy.  Me brota del fondo del alma exclamar a viva voz con alegría infinita:

¡FELIZ NAVIDAD!

Me he levantado temprano para rezar, ponerme a los pies del nacimiento que armaron Vida mi esposa con mi nieta Ana Sofía y me he quedado contemplando maravillado el «misterio» de nuestra salvación, un don de Dios, que encierra este evento extraordinario, único en la historia de la humanidad.

 «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. (Isaías 7, 14)

Un día como hoy, en 1252, ocurrió un acontecimiento relacionado con la Navidad que siempre me ha impactado. Tiene que ver con santa Clara de Asís y con los regalos que Dios nos da a sus hijos amados.

“Narraba Clara cómo, en la pasada noche de la Navidad del Señor, al no poder ella levantarse del lecho para entrar en la capilla, por su grave enfermedad, las hermanas fueron todas a maitines como solían, dejándola sola. Entonces ella dijo suspirando: ‘Oh Señor Dios, mira cómo me han dejado sola contigo en este lugar’. Entonces inmediatamente empezó a oír los órganos y responsorios y todo el oficio de los frailes de la iglesia de san Francisco (en Asís), como si hubiese estado allá presente”.

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Algunos santos de nuestra Iglesia han tenido la gracia de cargar en sus brazos al pequeño Jesús, como san Antonio de Padua. ¿Puedes imaginar lo que sintieron? Aquella cercanía con el pequeño Jesús, el Hijo del Dios VIVO.

“En mayo de 1231, después de haber predicado su última Cuaresma en Padua se traslada a Verona y de aquí al castillo de Camposampiero del conde Tisso, donde moraba una comunidad de religiosos franciscanos. En el bosque que circundaba el castillo, al lado de un gigantesco nogal, el santo se hizo construir una pequeña cabaña, donde moraba la mayor parte del día y la noche dedicado a la meditación y a la oración. Aquí fue donde tuvo lugar la visión del niño Jesús. El conde Tisso, que visitaba y espiaba con frecuencia a su célebre huésped, presenció cómo el santo tenía delante, entre sus brazos, al niño Jesús”.

Hoy es Navidad. Llénate de Dios. Carga al pequeño entre tus brazos.  Besa su delicada frente y dile que le quieres. Obséquiale un alma limpia, pura, agradable a Dios. Y sé feliz. Hoy es un día para celebrar y compartir los dones que Dios nos dio.

Yo iré al sagrario a ver a Jesús, es su cumpleaños. No lo dejare solo. Le cantaré emocionado y le diré cuánto le quiero. Le agradeceré los muchos favores que me ha hecho a lo largo de mi vida.

¡Cuánta emoción!

¡FELIZ NAVIDAD!

El buen Dios te bendiga siempre amable lector.

 

 

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