Aleteia

Gracias amigo por ser sacerdote (un pequeño homenaje)

Comparte
Cuando era niño, los sacerdotes eran personas especiales, cercanas a Dios. Los veía a la distancia celebrando misa y me admiraba por su entrega y su amor a Jesús. Era increíble, podían perdonar nuestros pecados, consagrar el vino y el pan durante la misa.

Al crecer llegué a conocerlos mejor.  Me di cuenta que eran un poco como nosotros, expuestos al mundo y las tentaciones, pero con una diferencia enorme, estaban consagrados a Dios, vivían a su servicio. Tenían la unción y la gracia que los marcaba para siempre.

La primera vez que vi su humanidad fue después de una eucaristía. Recuerdo que me impresionaron mucho las palabras de este buen sacerdote y decidí agradecerle. Fui a la sacristía y me acerqué a él.

—Quiero agradecer sus palabras durante la homilía—le dije—. Me encantaron. Sobre todo agradezco su sacerdocio.

Esto pareció tocar muy hondo su alma. Sonrió,  tomó mis manos agradecido y me dijo emocionado:

Reza por mí.

Me marché de aquella iglesia pensativo, confundido.

Un sacerdote me acababa de pedir que rezara por él.  ¿Cómo era esto posible? Ellos son los que rezan por nosotros, están cerca de Dios y yo no soy nada. ¿Cómo me pide que rece por él? ¡Ha tenido a Jesús en sus manos!

Lo hice, recé por él y así poco a poco empecé a pedir a Jesús por sus sacerdotes en mis pobres oraciones. El tiempo desataría una tormenta sobre algunos de ellos y comprendí mi falta al rezar tan poco, pidiendo a Dios que los guardara de todo mal. Me prometí en adelante rezar por todos ellos.

Durante esta pandemia muchos han ofrendado sus vidas.  Se contagiaron atendiendo enfermos y murieron en Italia, España y otros países. Aleteia acaba de publicar el caso de un religioso que te estremece el alma. Sabiendo que  ponía en riesgo su vida este hombre no vaciló en ayudar a los más pobres.

Hay dos pensamientos del santo cura de Ars, Juan Bautista María Vianney, que siempre me han impresionado. Cobran gran valor en estos tiempos de oscuridad cuando nos quieren sembrar dudas y miedos en el alma.

Es una claridad que viene del Espíritu Santo e ilumina al mundo. Y está ligada al sacerdote y el santo sacrificio del altar, la eucaristía.

“El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”.

“Si supiéramos el valor del santo sacrificio de la misa, qué esfuerzo tan grande haríamos para asistir a ella”.

Encomendemos nuestros sacerdotes al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Recemos mucho por ellos. ¿Te animas esta noche a elevar una oración por el sacerdote de tu parrroquia?… Por los sacerdotes del mundo entero.

Gracias amigo por ser sacerdote, por tu entrega, por amar tanto a Jesús.

¡Dios te bendiga!

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.