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“Estoy tan solo. ¿Vendrías a verme?”, clama Jesús desde el sagrario. (Un testimonio bellísimo)

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A menudo te escribo sobre esto. Me duele verlo solo en aquél sagrario, por eso voy a una hora intempestiva, a las 5 de la madrugada. Una hora de silencios que invita a la oración y contemplación. Y le canto, le hago compañía, le digo que le quiero una y otra vez. Y siento que se pone feliz.

Basta que entre por la puerta pequeña de aquél oratorio para que en su rostro se dibuje una alegría infinita. No la veo, pero puedo sentirla, imaginarla, saberla.

Es Dios, que se hace humanidad por amor. Y se queda en un pedacito de pan, encerrado en aquél sagrario. Es un misterio que está por encima de mi pobre entendimiento. Por ello me basta tener pequeños gestos de amor con Jesús en el sagrario. Decirle que lo quiero, que es mi mejor amigo.

Todos los sábados a esta hora me escribe un amigo y me dice:

“Sé que mañana vas a ir al sagrario a ver a Jesús, a las 5:00 a.m. No te olvides hablarle de mí”.

Cuando estoy con Jesús a esa hora, un poco adormilado, cansado, recuerdo los sacrificios que Él hizo por nosotros y se me quita todo el cansancio.

Le hablo de ti y le pido por tus necesidades.

Me consuela pensar que, a esta hora de la noche, mientras te escribo, miles de adoradores en Colombia, Costa Rica, México, Chile, Argentina y otros países del mundo le hacen compañía a Jesús Sacramentado.

Permanecen en adoración, con la mirada puesta en Jesús, intercediendo por nosotros, pidiéndole perdón por los muchos pecados con que lo ofende el mundo. Están allí honrándolo, amándolo, o simplemente rezando.

Tengo un amigo que cada lunes a la una de la madrugada acompaña a Jesús en el sagrario. Se queda una hora en adoración.  Un día me invitó a acompañarlo. Fue un momento extraordinario.

Estás allí rezando ante Dios. Y sabes que Él te ve y te sonríe y te mira complacido.

Comprendí que todos podemos dar un poquito de nosotros mismos, en agradecimiento a Jesús y acompañarlo, no dejarlo solo. Decirle que lo amamos.

Cuánta paz se experimenta en su presencia amorosa. Por eso suelo recomendarles a todos: «Vayan, háganle compañía. Él que es tan tierno y generoso sabrá llenarlos de amor y con gracias abundantes para que puedan superar las dificultades de la vida.»

Y cuando vayas, por favor no te olvides, dile a Jesús: “Claudio te manda saludos”.

 

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