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«Estoy aquí, no me dejen solo», sigue clamando Jesús desde el sagrario. (Testimonios bellísimos)

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Paso cada momento libre a los pies de Dios escondido. Él es mi Maestro, le pregunto por todo, con Él hablo de todo, de allí saco fuerza y luz, allí aprendo todo, de allí me llegan las luces sobre el modo de comportarme con el prójimo. Desde el momento en que salí del noviciado, me encerré en el tabernáculo con Jesús, mi Maestro. Él Mismo me atrajo a este fuego de amor vivo, alrededor del cual se concentra todo”. (Santa Faustina, Diario, 704)

El alma enamorada de Jesús Sacramentado no cesa en su anhelo de estar con Él. Crece el deseo de visitarlo en el sagrario y pasar ratos a solas en íntima unión espiritual.

Jesús que no se hace esperar, nos recibe ilusionado y nos llena con gracias que jamás imaginamos. He visto tantas personas transformadas por Jesús, renovadas sus vidas.

“Señor de Castro”, me escribió hace poco una dulce ancianita, “Mis esperanzas y consuelos están junto a Jesús en el sagrario. Sé que le he ofendido mucho a lo largo de mi vida, pero también sé que su amor sobrepasa el entendimiento humano y que su Misericordia nos excede, que todo lo perdona, que nos ama y nos espera en cada sagrario”.

Me sentí emocionado e indigno de leer sus palabras. Cuánto amor por Jesús Sacramentado escondido en el sagrario.

Los testimonios no cesan de llegar y cada vez muestran un amor tan grande, un fervor, una ilusión por estar con Jesús. Es sencillamente maravilloso. Te compartiré dos recientes que nos dejaron en los comentarios de uno de mis escritos y me encantaron:

“Yo voy todos los días a la Santa Misa y lo comulgo. Platico con El un rato, antes y después de Misa. Por la tarde voy a visitarlo ya sea en el Sagrario o en la Capillita de Adoración. Hoy sentí muy fuerte su llamado y acudí presurosa, entré a la Capillita donde está expuesto. Entré y estaba completamente Solo. Le dije: “Amor, ¿por eso me llamaste? Me duele que te sientas triste”. Estuve como una hora.

“Es maravilloso estar frente a Él en el sagrario, te da una Paz inmensa y los problemas y preocupaciones, se hacen más fáciles de llevar. ¡Lo necesitamos tanto!”

 

 

Hay algo que no te había comentado. Es una costumbre que casi sin darme cuenta realizo. Hoy estuve meditando en mis visitas al buen Jesús y lo recordé. Me gustaría compartirlo contigo. Antes de marcharme en mis visitas al Sagrario, hago la comunión espiritual. Ésta es una forma sencilla de recibir a Jesús, cuando no puedes recibirlo sacramentalmente.

«Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén».

Quisiera terminar esta reflexión con una bella oración que una lectora nos compartió y me llenó el alma de alegría:

“Mi Jesús Sacramentado mi dulce amor y mi consuelo, quien te amara tanto que de amor por ti muriera. Amen”.

¿Te puedo pedir un favor? Cuando lo visites dile: «Claudio te manda saludos». Ya sabes que me encanta sorprenderlo.

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