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Escuchaba la homilía del sacerdote y de pronto…

© Adam Bilski
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El sacerdote se para frente al podio, nos mira a todos y empieza su homilía. Nunca imaginé lo que estaba por ocurrir…

Me encantan las homilías cortas en las que nos cuentan una historia edificante, al ejemplo de Jesús quien hablaba en parábolas.

Recuerdo haber leído en la biografía de Don Bosco que cuando se ordenó sacerdote, preparaba con mucho esmero sus primeras homilías. Quería que salieran lo mejor posible. Y pasaba horas corrigiendo, revisando, buscando y preparándose. Resulta que celebró la misa, al terminar  se le acercaron algunas personas a felicitar y agradecerle. Don Bosco les preguntó a sus amigos:

“¿Qué  les pareció la Eucaristía?”

“Maravillosa”, le respondieron.

Don Bosco sonrió agradecido e inmediatamente  les preguntó:
“¿Recuerdan algo de lo que dije en la homilía?”

Todos se miraron apenados y uno de ellos respondió:

“La verdad es que no recordamos nada Don Bosco, pero su misa fue maravillosa”.

Así ocurrió durante una semana.  Don Bosco preguntaba y siempre le respondían lo mismo, que nada recordaban, pero la misa fue maravillosa. Un día uno de ellos, antes de marcharse se detuvo, se volteó, miró a don Bosco y añadió:

“Perdone Don Bosco, recuerdo la historia que usted contó”. Y se la relató desde el principio.

Ese día Don Bosco se dio cuenta de la importancia de incluir historias y anécdotas edificantes en sus sermones. Tenían que ser lo más sencillos posibles, que cualquiera pudiera entender. Y así lo hizo.

Esto lo usó en los libros que escribió con grandes resultados. Si los lees te darás cuenta que siempre cuenta historias fáciles de recordar, que te ayudan a volver la mirada a Dios y reconciliarte con Él.

Esas son las homilías que no se olvidan. Las que son sencillas, al alcance de cualquiera.

Estaba en misa hace algunos años, la homilía del sacerdote iba a iniciar y, por algún motivo, pensé:

“Escucha, Jesús te va a hablar”.

Escuchaba la homilía y de pronto dijo estas palabras impresionantes. Fue una homilía breve, que jamás he podido olvidar. Y a menudo reflexiono en ella.

Te la comparto:

“Dios conoce el corazón de los hombres, por eso nos dio los mandamientos. Sabe lo que necesitamos para ser felices y vivir en paz entre nosotros. Imaginen que en su comunidad se respeten los 10 Mandamientos de Dios. Esta noche al acostarse a dormir usted no tendrá que cerrar la puerta de su casa porque hay un mandamiento que dice: “No robarás”. También podría caminar donde quisiera con absoluta tranquilidad porque hay un mandamiento que dice: “No matarás”.

¿Te lo imaginas? ¡Sería estupendo vivir así!

 

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