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«Es mi primera noche como adorador nocturno y lucho con la razón» (Un testimonio bellísimo)

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Suelo recibir correos de todas partes del mundo. Es maravilloso. Me doy cuenta cuánto aman a Jesús y se esfuerzan por hacer su santa voluntad. Me parece increíble. Muchas historias son como si fueran sacadas de mi propia vida.

No soy diferente de ti. Cometo errores, caigo, me levanto.

Retorno en mi búsqueda de Dios. Y al rato vuelvo a caer.

Somos carne y espíritu. Y mientras vivamos en esta tierra, las tentaciones estarán a la vista.

¿Cuál es la tentación más feroz que solemos enfrentar? Para mí no es la de la carne, o los malos pensamientos, o los deseos de poseer lo que no es nuestro, el orgullo, la envidia…

Puedo estar equivocado, muchas veces lo estoy.  Siento que una de las tentaciones más peligrosas que enfrentamos son las dudas de la presencia real de Jesús en la Hostia Consagrada.

Hace 13 siglos le ocurrió a un sacerdote mientras celebraba la Santa Misa. La duda lo acosó precisamente en el momento que pronunciaba las palabras consagratorias. En ese instante la hostia se convirtió en carne y el vino en sangre.

Llorando, profundamente conmovido se volteó hacia los fieles. Les confesó sus dudas, les contó emocionado lo que acababa de ocurrir y los invitó a que se acercaran para que todos pudieran presenciar el Milagro Eucarístico en el pueblo de Lanciano.

“¡Oh bienaventuradas testigos, ante quienes, para confundir mi incredulidad, el Santo Dios quiso revelarse en este Santísimo Sacramento y hacerse visible a nuestros ojos! ¡Venid, hermanos, y admirad a nuestro Dios que se acercó a nosotros! ¡Aquí está la Carne y la Sangre de nuestro amado Cristo!”

¡Santo cielo! ¡Qué gran emoción!

¡Saber que en cada sagrario Jesús está vivo!

Me conmueven sus emails y rezo por ustedes ante Jesús «VIVO» en el sagrario.

Un correo en particular me ha dejado profundamente conmovido y feliz.  Es bellísimo. Parece más una oración honda, profunda, que una inquietud.

“Es mi primera noche como adorador nocturno.
Lucho con la razón.
Me falta fe.
Pero aquí estoy, rendido a Él, con mis miedos y miserias.
Algo maravilloso surgirá de esto”.

Si lees esto, te pido, amigo, que reces por mí, ante Aquél que nos ama infinitamente.

Y a ti querido lector (a) cuando visites a Jesús en el sagrario por favor dile:

“Claudio te manda saludos”.

Seguro se alegrará.

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Te dejo con esta bella canción.

https://www.youtube.com/watch?v=U9YXNtBTTR8

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