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En el Sagrario hay «alguien» (Un testimonio bellísimo)

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Todas las tardes, como a las 4:00 p.m. Vida, mi esposa, me llama para que tomemos el café colado que ella prepara delicioso, acompañado por unos deliciosos panecillos calientes, mantequilla y mermelada de frutas. Pero antes, escuchamos la santa Misa por Internet.

Tenemos un lugar en la sala en el que nos sentamos cada tarde a escuchar la misa. Vemos la misa diaria en Magníficat Tv, una televisión católica que forma parte del Proyecto Evangelizador de los Franciscanos de María. Te paso el enlace.

LA SANTA MISA DIARIA

Me gusta prestar atención a los sacerdotes en sus homilías, porque poseen una gran espiritualidad y aprendo mucho de ellos. Hoy el sacerdote, el padre Javier Martín, dijo algo que me sorprendió: “En el Sagrario hay alguien”. Copié para ti unos fragmentos de su homilia que me encantó.

“Hemos hablado mucho de Dios, pero no hemos transmitido a Dios. No hemos enseñado a tener con Dios una relación personal, de respeto y de amor.  Porque cuando enseñamos a los nuestros en casa, quién es Dios, si solamente les hablamos de un concepto, es lógico que de un concepto no se enamore nadie. En cambio, si transmites una experiencia, enseñas a encontrarse con Dios, a estar con Dios, todo sería diferente. Cuando empezamos las catequesis en nuestras parroquias, todas terminaban con un rato en el Sagrario, hablando con Dios, despidiéndose del Señor, aprendiendo que en el sagrario hay alguien, que es Cristo, el Hijo de Dios”.

“En el Sagrario hay alguien”… ¡Qué maravilla! ¡Sí! ¡En el Sagrario está Jesús!

Un amigo que es catequista, transmite con mucho éxito nuestra fe. Recuerdo una tarde que nos encontramos. Tenía curiosidad y le pregunté:
“¿Qué haces para que los jóvenes se esmeren en buscar a Dios?”

“He aprendido algo que es muy efectivo”, me respondió. “Les pido que tengan la experiencia de Dios. No es igual que te hablen de Dios a que tengas una vivencia, un encuentro personal con Él”.

Quiero pedirte hermano sacerdote, que lees estas palabras:

«Por favor, en tus homilías, háblanos de Jesús Sacramentado, prisionero de amor en el Sagrario».

Pienso con dolor en estas palabras de san Manuel Gonzalez:

«Abandonado  está Jesús, porque hay lugares donde no se abre el Sagrario, ni se comulga. Abandonado porque está solo desde la mañana a la noche y desde la noche a la mañana.

Así, completamente solo está Jesucristo en muchísimos Sagrarios, y por consiguiente ¡pobre!, no ya de pobreza material, sino de calor de corazones amantes, de lágrimas, de ruegos, de suspiros de arrepentimiento, de ayes de necesitados, de gratitud de reconocidos, de… en muchos Sagrarios, no hay, ni rodillas dobladas, ni cabezas inclinadas, ni ojos que miran, ni bocas que piden, ni corazones que se ofrecen…

¡Nada! Yo no os pido ahora dinero para los niños pobres. Ni auxilio para los enfermos. Ni trabajo para los cesantes. Ni consuelo para los afligidos. Yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan Abandonados. Yo os pido, por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que hagáis compañía a esos Sagrarios Abandonados”.

Tan pronto puedas, amable lector, visita a Jesús en el sagrario, que sienta tu amor, y sepa que le amamos.

¿Podría pedirte un favor? Cuando estés en su presencia dile: «Claudio te manda saludos».

¡Dios te bendiga!

 

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