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El pobre es Cristo (Un testimonio que te va a impactar)

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San Alberto Hurtado
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Domingo 9:30 am  Me encontraba en el Santuario Nacional del Corazón de María en Panamá. Se me acercó un pobre a pedir limosna.

—Ayúdame —me dijo la primera vez y vi sus ropas gastadas, sus manos sucias, y su mirada de dolor.

—Ayúdame —volvió a decir. Y vi su pobreza y su necesidad.

—Tengo hambre — me dijo.

Esta vez vi a Cristo. Un Cristo que sufría frente a mí. Y yo impasible, pensando si lo ayudaba, juzgando si me decía la verdad, si me quería tomar de tonto.

Recordé las palabras de san Alberto Hurtado: “El pobre es Cristo”.

“El prójimo, el pobre en especial, es Cristo en persona. Lo que hiciereis al menor de mis pequeñuelos a ‘mí’ me lo hacéis”. 

Vi a Cristo en él.

Me acerqué a aquél hombre que me pedía unas monedas y le abracé. Abracé  a Cristo que habitaba en él. Y siguiendo el ejemplo de este santo chileno, le pedí perdón por no darle lo suficiente, por no poder cambiar su vida ni mejorarla. Por ser tan egoísta.

—Gracias — me dijo—. Dios te bendiga.

Y se alejó mordisqueando el emparedo que le di y que por algún motivo guardaba ese día en el auto.

Me hizo recordar aquella dolora ocasión en que encontré un pobre saliendo de mi casa, en la acera, justo frente a mí.

— ¿Me darías algo de comer? —preguntó. Y me miró a los ojos angustiado.

—Por supuesto hermano— respondí. —Regreso a mi casa y te preparo un emparedado. Dame un minuto que no demoro en regresar.

Volví al poco tiempo con un emparedado de jamón con queso y un cartón de leche fresca.

Los tomó y con desesperación empezó a morder el emparedado.

Se detuvo súbitamente. Me miró de golpe y rompió a llorar.

— ¡Tenía hambre! —exclamó sin dejar de llorar. ¡Tenía hambre!

No supe qué hacer o decir.  No podía creer lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo era posible?

Me quedé parado frente  a él mientras terminaba de comer.

—Dios te bendiga y te de la gracia de la santidad —me dijo antes de marchar.

Me quedé pensando en lo ocurrido. Sorprendido. Adolorido. Avergonzado.

Ese día me propuse no negar nada al que me lo pidiera. Ver a Cristo en el pobre. Tratarlo como tal. Como amor, ser misericordioso y nunca juzgar.

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