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El milagro de san José (Un testimonio bellísimo)

Coral Sand and Associates
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Hay historias que nos gusta contar una y otra vez sin cansarnos, pasan de generación en generación y siempre les añadimos nuevos toques que la hacen más interesante.

Éste es uno de esos relatos. Lo leerás de primera mano

Cada año para estos días me gusta mucho hablar y escribir de ello. Fue un acontecimiento que marcó mi vida, Recibí auxilios del cielo que nunca esperé ni imaginé. Pero que me ayudan en la vida cotidiana a caminar con menos miedos, fatigas, incertidumbres. Cuando flaquea mi fe, lo recuerdo y de inmediato me doy cuenta que no hay motivos para dudar.

Dios es un padre bueno y nos envía auxilios de mil maneras. Vive pendiente de ti, que eres su hijo, su hija amada, favoritos entre los que más piensa.

Aquella mañana me encontraba muy afligido.Había invertido todos mis ahorros en unos libros que publiqué con el deseo de ayudar a otros, de tocar corazones, y dar esperanza, pero ni uno solo se vendía. No llegaban a nadie.

Fui al sagrario y hablé con Jesús: “¿Cómo pretendes que ayudé con estos libros si no llegan a nadie?”

Salí del oratorio y vi a un sacerdote. Conversé con él unos minutos. Era el Padre José.  Le pregunté si podía confesarme. He aprendido que, si pierdo la gracia, lo pierdo todo y las cosas me van mal. Con la gracia, todo es posible. Luego de la confesión me dio una amable sonrisa y me preguntó por mi vida, cómo iban las cosas. Le conté. Me entregó una estampita de san José.

“¿Eres devoto de san José?”

“Lo veo en los nacimientos cada diciembre”, respondí apenado.

“Tranquilo. No pasa nada. Pide a San José que intervenga ante su Hijo. He dado este consejo a cientos de personas y ni una sola ha quedado sin ser escuchada por nuestro Padre san José”

Hice como el ben sacerdote me aconsejó.

A la semana llegó un pedido enorme, inmenso, para exportar los libros. Días después una librería me hizo un encargo, luego otra en el Salvador, Costa Rica….

Fui lo más rápido que pude a aquella Iglesia y busqué al padre José.

“No va a creerlo…” le dije.

“Lo sé no tienes que decirme. San José te ayudó, ¿verdad?”

Asentí con la cabeza.

“Ya ves, tenemos un gran intercesor en el cielo, El padre adoptivo de Jesús, a quien Él como a su madre nunca les negará nada”.

Desde entonces promuevo como puedo su devoción.

Tú que lees estas palabras, no temas acudir a san José. Dile que hable con su hijo Jesús, que interceda por tus necesidades. San José te escuchará.

 

 

……………

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