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El Milagro de san José (Un Testimonio bellísimo)

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Ocurrió hace 8 años. Pasaba un mal momento. Cuando tengo un problema muy serio y no logro solucionarlo voy a ver a Jesús en el sagrario. Sé que él me ayudará. Siempre lo hace. Por ello suelo aconsejar a todo el que puedo: “Vayan donde Jesús en el sagrario”.

Antes de entrar al pequeño oratorio donde tenían el sagrario sentí la necesidad de confesarme y busqué un sacerdote. Le conté todo. Me miró con una paz y una amabilidad que no he olvidado. Abrió una gaveta de su escritorio, tomó una estampita y me preguntó:

“¿Eres devoto de san José?”

“Lo recuerdo en los nacimientos”, le respondí avergonzado.

“Pide a san José que interceda por ti ante Jesús”.

Detrás de la estampita había una oración corta.

“Las frases más famosas sobre san José parecen provenir de santa Teresa de Jesús, a quien nuestro santo le hizo muchos favores”, me dijo el sacerdote.

Entonces me leyó el escrito de santa Teresa:

“Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer».

Seguí su recomendación y ocurrió algo que nunca esperé, a los pocos días todo se solución de formas insospechadas.

Cada año para estos días escribo sobre aquella experiencia maravillosa con el Glorioso san José. Y cada año me siento más indigno de hacerlo.

Grabé un video y te lo comparto.

La santa Biblia dice de él: “José, su esposo, era un hombre justo”. (Mateo 1, 19) Esas palabras: “hombre justo”, lo dicen todo.

Don Bosco aconsejaba a sus alumnos del oratorio: “Durante el estudio decid en vuestro corazón: San José, ruega por mí; ayudadme a ocupar bien el tiempo de estudio y de clase. Si os viene alguna tentación: San José, ruega por mí. Al levantaros por la mañana: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Al acostaros: Jesús José y María, asistidme en mi última agonía”.

Quisiera terminar con esta hermosa oración que encontré y me gustó mucho:

San José, mi padre y señor, tú que fuiste guardián fiel del Hijo de Dios y de su Santísima Madre, la Virgen María, alcánzame del Señor la gracia de un espíritu recto y de un corazón puro y casto para servir siempre mejor a Jesús y a María.

 

………..

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