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El ladrón estaba a punto de asesinarlo. Él empezó a rezar en voz alta (Un testimonio fuerte)

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Viernes 9 p.m. Sintió en su nuca el frío metal de la boca de la pistola. El ladrón tenía el dedo en el gatillo y estaba a punto de jalar de él. Era inminente su muerte.

Minutos antes había recogido una pareja de novios en una calle oscura. Dudó antes de detener su taxi, pero al final los recogió. Fue un gran error. a los pocos minutos lo asaltaron.

―Denos todo lo que tiene.

―He tenido pocas carreras ― respondió el conductor y les entregó los billetes que tenía consigo.

La mujer indignada con el pequeño botín, se enojó y empezó a gritarle su novio:

―Mátalo. Pégale un tiro en la cabeza.

―El ladrón le colocó la pistola en la nuca y le ordenó orillarse y detener el taxi.

En medio de ese proceso, el taxista empezó a rezar en voz alta el salmo 23:

“El Señor es mi pastor: nada me falta;
en verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce,
y reconforta mi alma.
Por el camino del bueno me dirige,
por amor de su nombre.
Aunque pase por quebradas oscuras,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo con tu vara y tu bastón,
y al verlas voy sin miedo.»

Y repetía:

―Perdónalos Señor, no saben lo que hacen.

Estacionó el auto lentamente.

―Mátalo ― gritaba la mujer.

Y más alto oraba el taxista.

El ladrón consternado bajó el arma y la guardó.

Deja todo. Aquí nos bajamos ― le dijo con firmeza a la chica. Y añadió:

No podemos tocarlo. Es un hombre de Dios.

Se bajaron rápido del auto y el taxista prosiguió su marcha, agradeciendo a Dios tanta bondad al haber salvado su vida.

Me recordó las palabras de Isaías (41, 10) “No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he sostenido. Todos los que se lanzan contra ti serán avergonzados y humillados; tus adversarios serán reducidos a la nada y perecerán”.

Esta mañana, mientras desayunaba recordé al hombre que me contó su historia y me pareció bueno compartirla contigo. Que te des cuenta que la oración siempre es escuchada.

Nunca estamos solos, aunque a veces lo sintamos. Y no hay motivos para temer sabiendo que Dios nos acompaña y cuida de nosotros.

A menudo lo olvidamos: “Para Dios NADA hay Imposible”.

 

……….

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