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El día que un trapeador sucio me recordó el estado de mi alma (Un Testimonio sorprendente)

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Tengo un amigo que desde joven busca a Jesús. Recuerdo haberlo escuchado en una emisora de radio contando su testimonio y decía: «En mi corazón hay un sello y ese sello dice: «Jesús».

Es un loco enamorado de Jesús, con el que suelo hablar de Dios y los carismas del Espíritu Santo.

Me telefoneó esta mañana porque sabe que escribo un nuevo libro sobre el Espíritu Santo y quería compartir una anécdota simpática. Fue un incidente que le ocurrió el día anterior y del que sacó una gran enseñanza sobre la pureza y la gracia de Dios en nuestras vidas.

Quiso consentir a su esposa y pensó en diferentes formas de hacerlo. Llegó a esta conclusión: “Ahora que ella está en el supermercado voy a limpiar y ordenar la casa para evitarle este trabajo y sorprenderla».

Buscó una escoba y el trapeador. Barrió cada rincón y por último tomó el trapeador viejo. Lo metió en un cubo con agua, lo escurrió y empezó a trapear la casa. Terminó satisfecho y esperó que secara para prepararse un merecido café.

Una hora después regresó su esposa cargando los paquetes de comida. Se sorprendió muchísimo al ver tanto orden, pero un olor desagradable la golpeó de frente y exclamó: “Pero, ¿qué has hecho? Aquí huele muy mal”.

“Es que usé el trapeador para limpiar”… se excusó él… “Y estaba un poco sucio”.

“¿Poco? No sabes que ese trapeador lo usamos para limpiar afuera de la casa?”

Comprendió su error.  En lugar de asear como era su intención, esparció suciedad por la casa.

Esto le hizo pensar si no ocurría igual que nosotros cuando queremos ser testigos del Evangelio y salimos a predicar con el alma sucia, llenos de resentimientos y pecados. ¿Cómo agradar a Dios así?

Así inició este diálogo imaginario con Jesús.

«¿Viste lo que me ocurrió hoy en su casa?»

Esto mismo ocurre cuando ustedes están sucios por el pecado y se acercan a mí. El aroma que exhalan sus almas en pecado es desagradable. Solo agrada a Dios lo que está limpio y puro.

«¿Qué debo hacer entonces?»

«Si quieres servir a Dios debes servir bien, sin cargar esos pecados en tu alma. No bastan las buenas intenciones debes actuar en la gracia santificante. Acudan al sacramento de la reconciliación, recuperen su amistad con Dios y así todos sus actos por pequeños que sean se convertirán en un TESORO, una ofrenda agradable a Dios. Méritos INFINITOS se obtienen en estado de gracia. Ustedes olvidan que sin santidad nadie verá al Señor.”

Su historia me he hizo pensar mucho y al final recordé la oración del Cardenal Newman:

Amado Señor,:ayúdame a esparcir tu fragancia
donde quiera que vaya.
Inunda mi alma de espíritu y vida.
Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto
que toda mi vida solo sea
una emanación de la tuya.

 

…………

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