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El día que un Ángel me salvó (Un testimonio fuerte)

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San Agustín no escapa a los santos de nuestra iglesia que nos hablan del Ángel Custodio o de aquellos como el Padre Pío que tuvo una relación muy particular con el suyo.

San Agustín lo explica con claridad: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”.

A mi Ángel Custodio le tengo gran aprecio porque ha sabido sacarme de grandes apuros y dificultades.

Sí, seguro te preguntas cómo sé que fue él. En un principio no lo notaba, pero cuando ciertos eventos ocurrían y otra vez, escapaban a la lógica humana y lo señalan a él, cuidando de mí, ya era demasiado evidente. Es algo que sientes y sabes.

Sentía que le debía mucho y una mañana me levanté con el propósito de escribir un libro con testimonios sobre los Ángeles Custodios, de los que poco se habla últimamente, en nuestra Iglesia católica.

Lo publiqué hace unos meses. Desde entontes recibo testimonios bellísimos. Te comparto uno que me llegó ayer.

La más significativa relación con lo que siento que fue un ángel, ocurrió en una gravedad que tuve hace algunos años, de la cual los médicos no daban casi ninguna esperanza que siguiera con vida.

Rezaba mucho en esos días de peligro y había grupos de personas que rezaban por mí, pidiendo mi recuperación casi imposible.

La oración de intercesión es poderosa. Lo descubrí en esta terrible enfermedad.

En esos salir y entrar en coma, tuve la visita de un «ser bondadoso» que me dijo que ella se había dedicado a cuidar enfermos, pero ya estaba retirada, pero que “a solicitud de mi familia” y viendo la gravedad en que me encontraba, había aceptado cuidarme.

Me reservo las cosas que hablamos, pero fueron temas que yo había vivido a lo largo de mi vida y ella de alguna manera parecía conocerlos.

Para sorpresa de los médicos, reaccioné el día antes, que habían decido desconectarme. Esto fue en un mes de diciembre, de un año que no deseo recordar.

Al regresar a mi casa para la convalecencia, me senté con mi familia para saldar cuentas pendientes de pago, entre ellas reembolsarles la contratación de la «aquella maravillosa enfermera» que me habían contratado, a lo cual me contestaron que nadie había contratado a enfermera alguna (vale mencionar, que somos una familia de clase media baja) y el hospital tampoco me había asignado una.

Les insistí, la describí y me lo reiteraron que nunca contrataron a nadie (creo que todos estaban midiendo gastos). De allí fue que realicé que la que me había cuidado era un ser supremo, un Ángel, obviamente enviado por el Buen Dios para cuidar de mí, que tanto lo necesitaba en ese momento de crisis.

Por la condición en que quedé al salir del hospital, no abrigué la esperanza de volver a trabajar, cosa que no fue así, ya que después de esa crisis, tuve la bendición de conseguir tres trabajos, oportunamente.

Para mí, que lo viví, esto fue obra del Buen Dios que es un Padre bondadoso, y de la influencia maravillosa de mi Ángel que me cuidó y guardó de todo mal.

……..

Esta noche, antes de dormir, no olvides a tu Ángel de la Guarda, nuestra dulce compañía. Y pídele con la oración que de niños nos enseñaron:

«No me desampares, ni de noche ni de día».

¡Dios te bendiga!

 

……………..

Queremos recomendarte el  bellísimo LIBRO de nuestro autor Claudio de Castro sobre la existencia de los ángeles custodios: “MI ÁNGEL”.

Es un libro maravilloso que nos habla de la relación que debemos tener con nuestro Ángel Custodio y te muestra lo que puede hacer por ti.  Te lo recomendamos.  ¡Vale la pena!

Es muy fácil adquirirlo.

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