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¿Dónde rezas el Rosario? (Un testimonio maravilloso)

@MisiónFatimaColombia
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Esta mañana volví a madrugar. Quería estar temprano en la presencia de Dios. Vi la hora en mi teléfono móvil: 4:35 a.m. Sentí que Dios me obsequiaba esos momentos de silencio, en los que solo estábamos nosotros. Era como si me dijera: “Quiero que me obsequies unos minutos de tu vida Claudio para andar juntos”.  La idea me encantó.  Empecé con esta corta oración:

“Gracias Dios mío por traerme a este maravilloso lugar para estar contigo. Te lo ofrezco todo, te lo doy todo”.

Recé lentamente, con fervor, un Padre Nuestro, dándole sentido a cada palabra. Luego un Ave María. Me encanta decir: “Padre…” y saber que Dios, para quien NADA es imposible, es nuestro Padre. A veces me quedo en esa palabra que lo significa todo para mí. Y repito “Padre” imaginando que en algún momento me dirá: “hijo”.

Ver amaneceres te hace sentir que la vida es extraordinaria y comprendes que eres especial para Dios que hizo todo esto para ti. Te das cuenta que tiene grandes planes para nosotros.

Dios te obsequia un espectáculo único, vibrante, que pocos aprecian en los amaneceres.  ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste uno?

Mi esposa Vida me acompaña, tomamos un refrescante jugo de naranja y luego salimos a caminar, mientras sale el sol. Le gusta rezar el santo Rosario cuando caminamos.

Hay ocasiones en que alguien me escribe sobre esta hermosa devoción preguntando por qué lo rezo. La respuesta es muy sencilla.

Aprendí a rezarlo de la mejor maestra, mi abuela “Mamita” en San José, Costa Rica. Los que de niños han pasado una temporada en casa de sus abuelos, saben de lo que hablo. Nosotros pasábamos las vacaciones del verano en su casa, en el barrio la Dolorosa, junto a mis tíos y ocho primos costarricenses, que vemos a nuestros hermanos. Mi madre y mi abuelita nos inculcaron esa hermosa devoción.

Lo rezo porque es una oración muy sencilla que agrada mucho a la Virgen.

Lo rezo porque me permite ir tras los pasos de Jesús.  En cada misterio descubro la anunciación, el nacimiento de Jesús, me imagino frente a san José y la Virgen en el templo, cuando llevan a su hijo, veo a Jesús joven en el templo escuchando y hablando con los sacerdotes. Recreo su vida a través del Rosario, su crucifixión y resurrección. Lo rezo porque he descubierto que me da mucha paz, una paz que necesito con urgencia para continuar el camino de la vida. Haz la prueba.

Cuando alguien te hable mal del Rosario no le hagas caso, recuerda que es una oración que se centra en Cristo, en su vida, y que sus oraciones, el Padre Nuestro (nos lo enseñó Jesús mismo) y el Ave María son Bíblicas.

¿Dónde rezas el Rosario? Cuéntanos.

Te invito a ver un amanecer y mientras sale el sol e ilumina otro día, reza el santo Rosario, ponte en la presencia de Jesús y María.  Luego me cuentas cómo te fue.

Qué sabroso es rezar el santo Rosario mientras Dios te regala otro amanecer.

¡Ánimo! La vida es hermosa, a pesar de todo. La oración nos ayuda a comprenderlo. Somos hijos amados de Dios.

 

 

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