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Debes saberlo: Dios te ama.

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Antes de sentarme a escribirte estas palabras, me detuve un rato en la oración. Quería estar en la dulce presencia de Dios, llenarme de Dios. Su presencia es tan real, que puedes experimentarla. Es como una suave brisa que te rodea y un gozo sobrenatural te inunda el alma.

Eres feliz. Nada ni nadie en este mundo temporal se compara al amor inmenso e infinito de Dios. Es tanto y llega con tanta fuerza que le dices: “No puedo con tanto Señor”. Y se desborda. En ese momento sientes la necesidad de amar a los demás. Perdonas con extrema facilidad Y sobre todo, amas.

Creo que una vez te lo conté. Un amigo quedó sorprendido con esta maravillosa experiencia. Quería amar, algo a lo que no estaba acostumbrado. Había leído sobre María Magdalena en el Evangelio. Compró algunos obsequios, unos paquetes de galletas y dulces. Y aquella noche fue a una concurrida avenida donde se paran algunas mujeres a ofrecer sus cuerpos.

Se bajaba del auto y sonriendo se acercaba a ellas. Les entregaba los obsequios y decía: “Dios te ama”. Eso era todo. Al final, le quedaba un obsequio y notó una señora que se ocultaba bajo las ramas de un árbol frondoso. Se acercó sonriendo y le dijo: “He traído un obsequio para ti. Y un mensaje: Dios te ama”.

La mujer quedó impactada y le preguntó: ¿Dios me ama?”

Él le repitió varias veces: “Sí, Dios te ama”.

No imaginas la alegría en esta mujer que no paraba de despedirse:

“Gracias Hermano. Gracias… ¡Dios te bendiga!»

Reflexioné mucho en su experiencia y me di cuenta que a menudo necesitamos que alguien nos recuerde esta verdad: “Dios te ama”.

Esa semana decidí decirle “Dios te bendiga” o “Dios te ama” a todo el que se cruzara en mi camino por algún motivo: una cajera del banco, un oficial de policía, la cajera de un supermercado, la dependiente de la farmacia… ¡Fue increíble!

Empecé con el guardia que custodia el banco donde tuve que ir. Me miró sorprendido y de pronto sonrió: “Dios le bendiga a usted también”.  La cajera del banco se sintió feliz y respondió con un: “¡Amén!”

Me pareció tan sorprendente el resultado que todavía cuando salgo, les digo a las personas: “Dios te bendiga”. Es algo que me brota del corazón, sin esfuerzo alguno. Haz la prueba.

“Dios te ama”.

 

………….

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