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Cuánto tiempo le dedicas a Dios?¿Lo has pensando? (Un fuerte testimonio)

Skylines|Shutterstock
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Tengo un amigo que es casi un hermano y vive en Canadá. Crecimos juntos en Colón, una ciudad costera de Panamá. Estudiamos en un colegio Franciscano. Se llama Roberto. Pertenece a la Renovación Carismática. Cuando escribía mi libro: “El GRAN PODER. Los 7 carismas del Espíritu Santo”, me ayudó en mi aprendizaje, pues apenas conocía al Espíritu Santo. Me brindó amablemente orientaciones, citas Bíblicas y sabios consejos para descubrir al Espíritu Santo que habita en nosotros, pues somos templos de Dios.

Esta mañana estuvimos conversando y me contó una experiencia que lo ha tocado mucho y te la comparto porque me parece muy edificante y nos puede ayudar a todos.

En una asamblea carismática sintió la necesidad de hacer una pregunta a sus hermanos. Se paró al frente y les dijo: “Mucho se habla de la dificultad para evangelizar, mostrar nuestra fe. Muchos se quejan porque el párroco hace interminables sus homilías, en lugar de hacerlas cortas y precisas».

Sus palabras resonaron en el aquél salón repleto de personas.

“El domingo es el único día que tengo para descansar”, me dicen disgustados. Hagamos un ejercicio sencillo. Les haré una pregunta. Pero no me respondan a mí, sino a ustedes mismos. “¿CUÁNTO TIEMPO LE DEDICAN A DIOS?”

Hizo una pausa para dejarlos pensar y continuó.

No nos podemos quejar del tiempo que le dedicamos a Dios, porque Él nos dedica todo su tiempo a nosotros. Veamos… (sacó su calculadora). Una semana tiene promedio 168 horas. De éstas:

Vamos a misa 1 hora x 4 semanas = 4 horas

Trabajamos 8 horas x 5 días = 48 horas

Dormimos 8 horas x 7 = 56 horas

Y así nos vamos con el tiempo.

No crean que esta pregunta es solo para ustedes, me cuestioné primero y no salí bien librado.

Si eres de los que van a misa y no rezan más de ello, dedicas a Dios apenas el 1 o 2% de tu tiempo, lo que es «CASI NADA». 

Muchos cuando llegan las pruebas no saben qué hacer. No están acostumbrados al trato íntimo con Dios y se desesperan. Olvidan que para Dios NADA HAY IMPOSIBLE. Piénsenlo. Yo lo hice.”

Me cuenta que un profundo silencio invadió aquel salón. Muchos agacharon sus cabezas por la vergüenza.

La verdad es que yo, como autor católico, nunca lo había pensado.

“Hay una forma de solucionar esto y es muy sencillo”, le comenté. “Nos cuesta amar lo que no conocemos. Debemos conocer a Dios para poder amarlo, experimentar su presencia en nuestras vidas. Eso lo cambiaría todo. Crecería en ti un hambre insaciable por estar con Dios, amarlo, sentirlo. Yo suelo ofrecer mi trabajo al inciar el día, así me mantengo en su presencia y trabajo con DIOS EN MEDIO”.

He pasado la mañana pensando en sus palabras, reflexionando en ello y me cuestiono: “¿Cuántas horas le dedico a Dios?”

¿Lo has pensado  tú? Cuéntanos al respecto, qué opinas.

 

……….

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