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Cuando vuelvas a Misa, no dejes de visitar a Jesús en el sagrario y decirle que lo amas.

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Cuando esto se normalice un poco y te permitan ir a la Iglesia, por favor, visita a Jesús en el Sagrario, que sienta nuestro amor y agradecimiento.

Me ha hecho falta, mucha falta, visitar a Jesús en el sagrario. Es una de las cosas que más extraño en medio de esta cuarentena obligatoria en que nos hallamos aislados.

Dedico mis días a escribir nuevos libros que publico en Amazon y estos blogs de Aleteia, y paso un rato rezando el Santo Rosario con Vida mi esposa.

Por las mañanas leo libros de espiritualidad, sobre todo «Imitación de Cristo» de Tomás de Kempis, y reflexiono por horas sentado en una banca de mi casa. Medito mucho en las cosas del cielo y paso ratos de calidad con mis hijos.

Pienso mucho en las almas de los que están muriendo en los hospitales y sus casas por esta terrible Pandemia. Rezo por ellos, le pido a Dios misericordia. Te invito a elevar una oración por sus almas.

Mientras teníamos una normalidad relativa, solía salir por las mañanas con Vida para hacer mandados y aprovechábamos para visitar a Jesús en alguna capilla.

Ahora, con esta cuarentena, suelo decirle: “Te necesito Jesús, necesito verte, estar contigo presente en los sagrarios de las iglesias”.

Le he pedido a todo el que he podido: “Si tienes la oportunidad de visitar a Jesús, por favor salúdalo de mi parte”. Sobre todo, a seminaristas y sacerdotes amigos, que lo tienen cerca, en los oratorios de sus parroquias.

No me averguezo decirlo en voz alta: «Jesús, te amo».

Cuando lo visite nuevamente, qué gran momento, entraré emocionado al oratorio con esta bella cnación en los labios y la cantaré a viva voz para que el mundo entero escuche y «adore» al Rey de reyes.

 

¿Te conté de la llamada que recibí muy temprano una mañana? Era de esas llamadas de video conferencia. Respondí y del otro lado estaba Jesús en un hermoso y pequeño sagrario. Un seminarista amigo me cuenta que estando en oración sintió en lo más hondo de su alma que Jesús le pedía: “Llama a Claudio que lo quiero visitar. Él me visita a mí y ahora que no puede, quiero visitarlo yo”.

Nos quedamos un buen rato en silencio ante Jesús, presente en aquél sagrario. No pude rezar, las oraciones se me olvidaron de la emoción. Sólo podía decirle: “Gracias Jesús, por tanto amor”.  Esa fue mi oración esos minutos para mi Rey y mi mejor amigo desde la infancia.

Una semana después nuevamente recibí una video llamada, esta vez desde Nicaragua. Un amigo franciscano pensó que sería bueno llamar a sus conocidos desde la capilla, para que Jesús desde el sagrario, los visitara.

Nos quedamos aquella tarde con el amado Jesús, en aquél sagrario. Qué hermosa experiencia de amor, la presencia de Jesús Sacramentado que visitaba mi casa.

Ayer recibí un correo electrónico muy bello. Una lectora de mi libro “El Sagrario” me contó que le llamó la atención cuando le pedía visitar a Jesús en el sagrario y decirle de mi parte: “Claudio te manda saludos”. De alguna forma tuvo la oportunidad de hacerlo en medio de esta cuarentena y me responde con una sonrisa, ilusionada:

“No se lo puedo asegurar, pero creo que su receptor «guiñó un ojo» ante su mensaje.”

“Qué bueno eres Jesús”.

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