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Cuando nos falta DIOS (Un testimonio bellísimo)

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A mi edad me he percatado que muchas cosas que solía buscar y valorar, en realidad no tenían sentido. Podía conseguirlas y seguir insatisfecho. Siempre recuerdo una homilía de un sacerdote nuevo que me impresionó.

“Un amigo vino a pedirme consejo espiritual. Había logrado mucho en su vida. Riquezas. Propiedades. Lujos. Tenía una familia maravillosa. Pero se sentía vacío, infeliz. Sabía que algo le faltaba y no lograba comprender qué era, por qué vivía con esta zozobra”.

Nos miró de reojo, hizo una pausa y continuó:

“Te falta Dios”, le dije, “Sólo Él es capaz de llenar nuestras esperanzas. Sólo él nos brinda la perfecta alegría. Busca a Dios y encontrará la felicidad, para que puedas compartirla con tu hermosa familia”.

Aquellas palabras le daban sentido a muchas inquietudes que tenía en ese momento. Ya sabes que me encanta reflexionar y pensar en los por qué de la vida. Conocía personas que pasaban un momento similar.  Era infelices a pesar de creer que lo tenían todo, cuando en realidad no tenían nada. Sin Dios en medio, nada tenemos que valga la pena.

Decidí salir y ser una voz de esperanza. Decirles a todos: «Dios te ama».

Siento que eso es lo que Dios nos pide a ti y a mí que hagamos: «Ser voces de esperanza». Ayudar a los demás, para que puedan encontrarse con Él. Unos lo haremos a través del matrimonio, otros, siendo sacerdotes o religiosas, pero todos con nuestro ejemplo, más que las palabras.

Lo importante es ser fieles a su llamado y transitar su Camino con humildad, que NUNCA nos falte Dios, Su presencia y su Amor.

Hay una oración del Cardenal Henry Newman que a menudo rezo, pidiendo a Dios humildad, que me ayude a aceptar su voluntad y hacer lo que a Él le agrada. Te la recomiendo.

«¡Oh Jesús! Ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida.
Penetra en mí y adueñate tan por completo de mí
que toda mi vida no sea más que una irradiación de la tuya.

Resplandece a través de mí y permanece en mí
de tal manera que cada alma con la que entre en contacto pueda sentir tu presencia en mí.

Que, al verme, no vean a mí, sino a Ti en mí…»

Disfruto mucho leyendo las biografías de los santos. Aprendo de ellos, que fueron grandes pecadores, y tenían defectos igual que tú y yo. Me pregunto qué hicieron diferente, cómo lograron esos grados tan elevados de santidad en medio de tanta corrupción y maldad. En todos encuentro tres cosas en común:

  1. Un gran amor a la Madre de nuestro Señor
  2. Confiaron en la Divina Providencia y la santa voluntad de Dios
  3. Vivieron el Evangelio en toda su radicalidad

San Félix tenía unas palabras que siempre me han animado a continuar en medio de las dificultades:

“Amigo, la mirada en el suelo, el corazón en el cielo y en la mano el santo Rosario”.

Recemos en estos días por nuestro buen Papa Francisco para que Dios lo ilumine. Recemos por los grandes pecadores.

Recemos por nosotros también para que hagamos su santa voluntad.

¡Dios te bendiga!

…………..

 

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