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Cuando los hijos se van y tenemos que volver a empezar

Ian MacKenzie
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Esta mañana me senté en la banca afuera de la casa mientras mi esposa regaba las plantas de su jardín. Es una actividad que a ella le encanta.

La última vez que lo hice quise sorprenderla y le eché abono a sus plantas, pensando que al día siguiente amanecerían más verdes, floreadas. Creo que me excedí. Quemé todas las plantas, amanecieron marchitas, mustias y ahora es un área prohibida para mí. Sencillamente no me puedo acercar a sus plantas.

La llamo invitándola a que me acompañe,  y tenemos un rato de conversación muy agradable.

Es algo que a veces necesitamos. Olvidarnos de los problemas cotidianos y llenar nuestras vidas con algo tan simple como sentarnos juntos, ver las plantas, disfrutar la mañana y charlar un buen rato.

Vida señala hacia el cielo. «Mira los pájaros migrando en la corriente de aire», me indica.

Me siento como al principio, cuando éramos novios y el mundo giraba en torno a nosotros.

La vida es curiosa. Empiezas con tu novia, te casas, tienes hijos, crecen y al tiempo se marchan a vivir sus vidas y tener sus hogares. Y vuelves al principio, donde empezaste. Tu esposa y tú. Solos los dos.

Suelo escribir sobre esto:

«La vida es para ser vivida. Dios nos quiere felices».

Pregunta a cualquier padre: “¿Qué quieres para tu hijo?”  Esperas que responda: “Que sea exitoso”. “Que se case”. “Que consiga un empleo”. La mayoría responderá: “Qué sea feliz”.

Esto justamente es lo que Dios te respondería: “Quiero que seas feliz”.

A menudo me encuentro parejas que están en este proceso y me comentan. Deben reestructurarlo todo, amoldarse, soñar de nuevo, recuperar ilusiones, animarse para descubrir la vida maravillosa que tienen delante de ellos.

¿El secreto? Dios en medio. Dios que apacigua nuestras inquietudes, que nos muestra sus caminos, que nos acompaña cada día, a pesar de lo que somos y hacemos.

Él es como aquella madre que entrevistaron por uno de sus hijos que había cometido una fechoría. Y la madre, con lágrimas en los ojos respondió: “Es mi hijo”.

Dios responde igual por ti: «Es mi hijo». «Es mi hija».

Cuando la vida da una vuelta y vuelves al principio, surge toda una aventura por vivir.

La vida al final, con sus bajas y subidas siempre será esto: «un regalo de Dios».

 

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Querido lector puedes escuchar y compartir este audio blog, un bello testimonio grabado por nuestro autor.

Te invitamos a conocer la interesante página del autor   CLAUDIO DE CASTRO

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