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CUANDO LLEGAN LAS DIFICULTADES

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No recuerdo si te conté,  de pronto, en el 2015, cayeron sobre mí una cantidad de problemas,  superiores a mis fuerzas.  Siempre he pensado que Dios permite esos momentos difíciles,  para nuestro crecimiento espiritual.

Cada vez que atravesamos una situación que nos supera, buscamos ayuda y consejos entre los más cercanos… pero suelen darnos consuelos temporales, pasajeros y no siempre ayudan. Cuando llegamos a esta conclusión, nos damos cuenta que el ÚNICO que podrá salvarnos es Dios, elevamos nuestra mirada al cielo y clamamos por ayuda.

Mi razonamiento, en esos momentos, es sencillo:

Dios es mi padre.
Un buen padre siempre desea lo mejor para sus hijos.
Dios es Todopoderoso, para él no hay “imposibles”.
Por tanto, no debo preocuparme.
De Dios sólo puedo esperar lo mejor.

Pero esto no evitó que me preocupara y dudara ante un problema que enfrenté recientemente…

La tormenta golpea sin misericordia y no encontramos a qué aferrarnos. Qué difícil pensar con claridad en esos momentos. Nos sentimos como Pedro, cuando, en medio de una tormenta, baja de la barca empieza a caminar sobre el agua y al sentir la fuerza del viento que lo sacude. le entra el miedo, se desespera, no sabe qué hacer. Empieza a hundirse, mira al maestro y le grita con angustia: “Señor, sálvame”.

La respuesta de Jesús al salvarlo fue impactante.

«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» (Mateo 14, 36)

Dios te enseña a tener fe. ¿Por qué lo hace?  Muy sencillo, porque desea lo mejor para ti. Jesús respondió esta pregunta fundamental cuando advirtió: “Si tuvieran la fe del tamaño de un granito de mostaza le dirían a este cerro: quítate de allí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes” (Mateo 17, 20)

Cuánto nos falta la fe. Suelo pedirle: “Auméntame la fe”.

Con un poquito de fe, seríamos felices. ¿Nuestros problemas? Poca cosa al lado del poder de Dios.

Ese problemas que ahora enfrentas, tus miedos, la soledad, el dolor de una pérdida, serían aliviados hoy mismo,  porque “… no hay nada imposible para Dios” (Lucas 1, 37).

En mi caso, escribir estas palabras es un alivio. Me doy cuenta a medida que avanzo que no tengo motivos para temer. Si Dios está con nosotros, nada ni nadie nos podrá dañar.

Es un descubrimiento maravilloso.  Una certeza que lo cambia todo.

Dios es Todopoderoso y es tu padre.  Busca lo mejor para ti.  ¿Qué hacer?  Abandonarnos en su Amor. Déjalo actuar en nuestras vidas. Darle la oportunidad.

DÉJATE AMAR POR DIOS.

Yo, me he decidido por Él y me siento tranquilo, feliz, seguro.
Ha valido la pena.
Han sido buenos años.

Y los mejores, están por venir.

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