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¿Puede el ejemplo de una familia cambiarnos?

© El Observador
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Mi esposa Vida suele decir que  “no hay nada más bonito que ver una familia junta. El papá, la mamá y los hijos. Da gusto ver el núcleo familiar compartiendo la cena, un almuerzo, el desayuno…»

Verlos juntos en Misa te cambia, te llena de alegría. No tienen que hablar, su presencia es un ejemplo silencioso que dice mucho.

Esta noche Vida y mi hija Ana Belén fueron a un nuevo restaurante, regresaron felices al ver las familias que compartían, incluyendo a los abuelos.

Es maravilloso ver una familia disfrutando un paseo juntos. 

En lo personal me encanta salir con mi familia a dar largos paseos, es algo que disfruto mucho.

Cuando mis hijos estaban pequeños, solía irme directo del trabajo a la casa por las tardes, los recogía junto a mi esposa y salíamos de paseo.  Teníamos muchos lugares para disfrutar, una cafetería, un parque, una visita a sus abuelos.

En una ocasión regresamos un poco temprano a la casa. Claudio Guillermo,quien tendría unos 6 años, asombrado exclamó desde el asiento trasero del auto: “Papá, ¿qué  ocurre? ¿Por qué volvemos a la casa’? Aún no oscurece.”  Me sonreí junto a mi esposa Vida y le respondí: “Tienes toda la razón”. Y seguimos paseando hasta que se hizo de noche.

No recuerdo si te lo he contado, a veces al salir del trabajo pasaba a una frutería o una heladería para llegar con algo sabroso a la casa y compartirles. A menudo cuando iba a pagar la compra, la  joven de la caja me decía: “¿Y cómo están sus hijos?”  Me preguntaba cómo los conocía. Y es que sin que te des cuenta las personas te observan cuando estás en familia.

Hablas sin palabras, con el ejemplo. Y esto basta para llamar la atención.

Mi sorpresa fue grande el día que entré a una panadería y al momento de pagar la joven me sonríe y me recomienda con gran amabilidad: “Llévele estos dulces a su esposa Le gustan mucho”.

“¿Y cómo lo sabe?”, le pregunté.

“Siempre que vienen en familia, ella los compra”.

Por supuesto, llevé una buena ración de esos dulces.  Apenas se los entregué, mi esposa me dio un beso y me dijo: “Gracias. Me encantan”.

A veces mis lectores me preguntan la clave para una familia feliz. Nunca he sabido la respuesta correcta. Pero sé que cuando tienes a Dios en medio todo cambia. Él es la gran diferencia. También me he percatado que poner amor en todo lo que haces ayuda mucho.

Qué sabroso es un ambiente familiar donde se nota el amor. Una familia que sin saberlo, nos da un ejemplo a todos y nos llena de esperanza de un mundo mejor.

Sí, el ejemplo de una familia, de cierta forma ya nos cambió.

 

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Te invitamos a visitar la página de Claudio de Castro, nuestro autor.

http://www.claudiodecastro.com/

 

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