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¿Conoces los frutos de visitar a Jesús en el sagrario? ¡Son extraordinarios!

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“La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver.” (hebreos 11, 1)

El sagrario (de sagrado) es el recinto donde se custodian las Hostias santas y consagradas por el sacerdote, que no son consumidas, cuando se termina la misa.

El sagrario es un lugar santo para encontrarnos con Jesús, adorarlo y decirle que le amamos. Él está allí, vivo, esperando, anhelando tu visita.

“Pero no siento nada cuando voy al sagrario”, me han dicho.

Debes tener paciencia y perseverar.

Somos como recipientes que se deben vaciar de lo mundano para que Él pueda llenarlos de gracias.

«Esa virtud del alma que llamamos paciencia es un don de Dios; tan grande, que el Señor, que nos lo otorga, pone de relieve la suya, por la que da largas a los pecadores para que se conviertan». (San Agustín)

La certeza te la dará la fe. No dejes de visitarlo. Y pasar largos ratos con Jesús.

Dile: «Señor, aumentame la fe».

Te sugiero comprar un libro para que leas de a poco en tus visitas a Jesús en el sagrario. Te hará mucho bien. Se titula: “Historia de un Alma” y lo escribió santa Teresita del Niño Jesús. Lo puedes adquirir en cualquier librería católica.

No tengo la menor duda que Él está allí, en todos los sagrarios del mundo, luego de cientos de experiencias que he vivido al amparo de un sagrario.

Los milagros que he visto son impresionantes, y las personas que Jesús ha tocado y cambiado sus vidas, ¡es algo increíble! Ellos me han llenado de esperanza y alegría, al darme cuenta del inmenso Amor y la Misericordia de Jesús.

Te comparto este hermoso vídeo del Padre Sergio sobre los frutos de visitar a Jesús en el sagrario.

 

 

Recuerdo un amigo que vino a verme a mi trabajo hace algunos años. Me contó las dificultades que tenía.  No sabía qué hacer. 4 hijas, casado, y llevaba meses sin trabajo. No podía sostener a su familia.

“¿Y ya fuiste al sagrario?”, le pregunté.

Me miró sorprendido.

Pues claro, debes ir y hablar con Jesús. Anda a cualquier sagrario que esté cercano a tu casa en alguna Iglesia, entra arrodíllate, reza un rato, pide a Jesús la gracia del amor, la fe, la serenidad y dile: “Buen Jesús. Ayúdame. Necesito un trabajo, no por mí sino para mi familia”.

Se marchó más tranquilo y consolado por las palabras de aliento que le obsequié.

Al día siguiente a las 9 de la mañana se presentó de vuelta en mi oficina.

“No lo vas a creer”. Me dijo. “Esto es increíble. Fui al sagrario a ver a Jesús, como me sugeriste. Me quedé un largo rato con Él, contándole todo lo que estaba viviendo. Recé y le pedí antes de marcharme que me ayudara porque no encontraba cómo salir adelante con este problema. Regresé a la casa y cuando introduje la llave en la cerradura de la puerta, empezó a timbrar insistente el teléfono. Respondí. Era una empresa que me ofrecía un trabajo para iniciar en dos días. He quedado perplejo”.

Lo felicité por tan buena noticia.

“Entonces debes apurarte e ir donde Jesús en el sagrario y agradecer este enorme favor”, le dije.

“Sí, tienes razón”, respondió. Y se marchó.

He visto cómo Jesús se compadece de las personas y las ayuda de muchas formas, la mayoría de las veces son auxilios del cielo, ayudas espirituales, gracias especiales que una persona requiere: el retorno de un hijo, la salud de un familiar… la Paz en la familia o el trabajo y la más importante de todas: “la conversión personal”.

Esto es lo que más me impresiona de Jesús en el sagrario, «la conversión» de personas que dudaban o no tenían fe.

Te lo cuento porque lo he visto, y sé que Él está deseoso de ayudarte, consentirte, y luego… perdonarte tus pecados, en el sacramento de la reconciliación.

¡Qué bueno eres Jesús, que nos amas tanto, a pesar de lo que somos!

 

……….

 

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